sábado, 19 de septiembre de 2009

Castrati: una cuerda extinta

En 1922 murió Alessandro Moreschi, el último castrato. Con él acababa una época de la historia del canto, se extinguía una raza cruel pero también angelical. Existe alguna grabación en pizarra, pero nadie puede saber hoy cómo sonaban en realidad los castrati; sólo podemos hacernos una idea por las descripciones de sus contemporáneos, que los adoraban como hoy se adora a las estrellas de la ópera, o incluso más. Puede que su voz fuera algo parecido a esto:



Se trata del aria Alto giove de la ópera Polifemo, de Nicola Porpora. ¡Qué dulzura en el ataque (0'53'')! La línea de canto es continua, homogénea en los graves (3'12'') y en los agudos (3'58''). Pero claro, la grabación tiene truco: es una mezcla realizada para la película Farinelli il Castrato entre las voces de un contratenor y una soprano. El contratenor, aun cantando en falsete, es sólido en los graves, y las sopranos tiene solvencia en los agudos, pero no había un ser humano que tuviera ambas virtudes; lo fabricaron en el siglo XVI, cuando la Iglesia prohibió a las mujeres cantar en los coros pero el público seguía demandando los agudos, y los compositores seguían componiendo en ese tono. La única manera de cubrir esa demanda era hacer que los niños nunca perdieran su voz angelical, e incluso con el tiempo la educaran y perfeccionaran hasta un límite desconocido hasta el momento, y ya de paso, al ser en definitiva hombres, desarrollaron un registro grave que ninguna mujer podría adquirir. En definitiva, la técnica de la castración fabricó el instrumento vocal más perfecto nunca visto.

Los castrati fueron la fuente de inspiración de los grandes compositores del siglo XVIII, su época de oro, con Haendel y Porpora a la cabeza, que compusieron numerosas óperas específicas para su voz. La mayoría de ellos se convertían en unos desgraciados, marginados por la sociedad, marcados por su condición. Pero los que triunfaban... ¡Ah, esos se convirtieron en dioses! Carlo Broschi, el gran Farinelli, cantó para Luis XV de Francia y vivió como un príncipe en la corte española de Felipe V y Fernando VI. Era admirado por los hombres y deseado por las mujeres (la castración no impedía otros disfrutes). Nunca un cantante alcanzó tal poder, tantas riquezas y una posición social tan encumbrada.

Por fortuna, el tiempo de los castrati ha pasado, pero uno no puede dejar de imaginar su voz maravillosa inundando los escenarios del barroco, como una recompensa a la barbarie, como un homenaje a todos esos niños pobres sacrificados en el altar de la música.

16 comentarios:

Er Tato dijo...

Pues yo nunca he conseguido que la ópera me llegue como me llega el flamenco, el jazz o la clásica, y mira que lo he intentado. Es una putada, pero uno no puede elegir lo que le emociona.

Lo que sí recuerdo es que la película a la que te refieres, Farinelli il Castrato, me encantó, Igual que tu entrada.

Un abrazo

Juanma dijo...

Yo podría comenzar exactamente igual que Er Tato, incluso concluir igual. En fin, que podría copiar sus palabras porque las suscribo.
Dicho lo cual, añado: me encantan estas entradas tuyas sobre ópera. Se nota lo mucho que te gusta, lo mucho que te emociona, lo mucho que sabes...y todo se transmite a través de tus palabras. ¿Sabe usted lo que me ha parecido también esta entrada?: una entrada muy elegante.

Un abrazo.

JSM dijo...

Felicidades José Miguel, la aportación a la difusión de la ópera y la música en tu Cuaderno es digna de admiración.

Recibe un fuerte abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Tato y Juanma, muchas gracias por vuestras palabras. Yo me conformo con que disfrutéis del texto y de la música, y si os ha llegado, como parece, es que la ópera no os es tan ajena como decís.

Muchas gracias, Javier. El blog es un invento fantástico: también me permite cultivar una de mis grandes aficiones.

Un abrazo con dos cojones.

Rafael G. Organvídez dijo...

Yo y otros amigos estamos por fundar una ONG para la recuperación de los evirados. Se trataría, entre otras cosas, de convencer a los padres de que la muda de la voz es una enfermedad que se cura con la castración. Una vez convencidos de esto, se podría practicar sobre sus celestes angelitos una emasculación limpia e indolora. A cambio: la gloria y la fama.
Creo que no podrían rechazar la oferta.

Julio dijo...

Bonito, Ridao. Con una cerveza, mejor.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Y un palito Ridao, y un palito, para mover la cerveza.

José Miguel Ridao dijo...

Cuando fundéis la ONG me lo dices, Rafael. Creo que te puedo proporcionar bastantes clientes, aunque deberás especificar en qué consistirá esa fama. Yo voto por decirles que serán tertulianos estrella en programas de telebasura.

Con una cerveza por delante todo gana, Julio.

Javier:
Diez cervezas de barril
y un par de platos de almejas.
Los cojones p'al barril
y el palo... pa las almejas.

Un abrazo Revirado.

América dijo...

He disfrutado el texto y la música,una delicia y algo más para llevarme de tu blog .Gracias.

Un abrazo.

marisa dijo...

Recuerdo ahora la película...me gustó mucho cómo recreaba el ambiente de la ópera y la sociedad de aquellos tiempos del "antiguo régimen", donde la voluntad y la diversión de las clases privilegiadas marcaban la vida de estos artistas. Podían tocar las estrellas y sentarse entre los elegidos pero si perdían la voz lo perdían todo. Lo cierto es que cuando la movilidad social es nula y las posibilidades de mejorar o prosperar, e incluso de sobrevivir, se limitan a perder tu virilidad, a lo mejor más de uno perdería su hombría en el intento, con dos "cojones" que diría alguno:)
Besos.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias, América. Para eso están los textos, para que os los llevéis.

Tienes mucha razón en tu reflexión, Marisa. Lo malo es que los que le echaban cojones eran los padres de esos pobres niños, con la esperanza de salir de la miseria. Los niños se limitaban a perderlos.

Abrazos.

Liliana G. dijo...

No soy una erudita ni mucho menos en asuntos de lírica, José Miguel, pero sí tengo gran sensibilidad hacia el arte en todas sus manifestaciones. La historia de los castrati, la desconocía, tu crítica es estupenda y me permitió buscar y saber un poco más sobre este bárbaro método de lograr la perfección deseada.
Lo que acabo de escuchar es maravilloso a pesar de estar "trucado".

Gracias mil por educarme :)

Besotes.

José María JURADO dijo...

Con dos cojones, sí, hay que promover esta música celestial con dos cojones pero ¿si hablamos de castrati...?

Que sea con los cojones del alma.

Los eunucos chinos guardaban sus gónadas toda la vida en una cajita para enterrarese con ella...

José Miguel Ridao dijo...

Gracias a ti, Liliana, por oírlo. Esa música es, como tú dices, maravillosa. Quien no lo aprecie así no tiene sensibilidad.

Pues las gónadas tenían que estar buenas después de tantos años, José María. Menos mal que los muertos no huelen... (no pueden oler, digo).

Un abrazo con dos gónadas.

Mery dijo...

El comentario de Rafael G. tiene mucha miga,digno de la entrada musical que nos has brindado hoy.

Fíjate que has dado en la clave y el clavo del arte, que a veces es cruel y angelical. Aunque yo no concibo que la música me lleve por caminos áridos.
Huy, que me lío y no es plan.
Te felicito por tu escrito, de verdad.

Un beso

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, Mery. Y sí, Rafael ha estado sembrao...