sábado, 11 de abril de 2009

Nostalgia del futuro


Escribir en mi cuaderno es en ocasiones lo más parecido a desnudarse ante los otros. Desnudarse el alma y dejar ver los sentimientos, si no todos una parte. Lo que asoma desde dentro cobra forma en palabras no pronunciadas, pero escritas. Así lo comprendo mejor, así me comprendo mejor. Surge de mí una imagen que hasta hace poco ni yo mismo sospechaba, una imagen que es pasado y a la vez futuro, una imagen que me deja desnudo, pero ya no me importa. Lo difícil es hacerlo la primera vez, al fin y al cabo no tengo mucho que esconder, trato de enseñar mi lado más amable, aunque sea sin pretenderlo, y al tiempo arrincono mis aristas, no por esconderlas, sino por conjurar sus peligros, por que triunfe el optimismo y lo que de bueno hay en mí, como en cualquier otro, a través del milagro de estas letras.

La nostalgia es ilusión
disfrazada de tristeza.
Un regalo de los días
pausados, recién salidos
del tiempo ya transitado
con fuerza de juventud.
Una mirada al futuro
echando la vista atrás,
imaginando el camino
que falta por descubrir
sin miedo a retroceder
por la senda del pasado.

La nostalgia es alegría
tierna,
dulce,
serena.

14 comentarios:

Ricardo dijo...

Jose Miguel, es curioso. Las nostalgias (del pasado, del futuro, de la playa,...) las expresas en prosa, mientras que el presente surge esplendoroso en soneto, quién lo entiende, o quizà, quién podría pretender lo contrario

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Mucho se ha hablado de la nostalgia del futuro, algo bastante habitual entre los que ya, para nuestra desgracia, vamos teniendo una edad. También tengo algo escrito yo sobre el tema, a ver si me animo a ponerlo en alguna entrada.
Tu visión optimista de la nostalgia me ha gustado, José Miguel. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Que suerte, que tu presente te permita mirar hacia el pasado y no te entristezca.
Ángeles

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Existen temas realmente difíciles de plasmar. Sobre todo en literatura.
Cuando hablo de plasmar, me refiero a plasmar con calidad.
Como decía Rosales o Rodríguez, volver a la infancia en la poesía, es algo realmente complicado y que requiere madurez.

Yo te digo, que la nostalgía atemporal, es otro de estos temas.

Felicidades Ridao.

Julio dijo...

Yo diría que la nostalgia es tristeza disfrazada de ilusión, un ensueño efímero de lo que un día fuimos o seremos y nos provoca penita...
Estás de un poético que te sales de la pelleja, querido amigo Ridao.
Enhorabuena de corazón.
En cuanto a la desnudez, me pregunto cuántos de nosotros no estanmos aquí en pelota picá.

José Miguel Ridao dijo...

Es curioso, Ricardo, me das que pensar... no sé por qué es así, pero por algo será. Quién podría pretender lo contrario... hoy piensas profundo, me sobrepasas.

Vaya, Juan Antonio, ¡y yo que creía que había sido original! Es lo ¿bueno? de no tener demasiadas lecturas. Una vez más se comprueba que no hay nada nuevo bajo el blog... Espero curioso tu entrada.

Sí que es una suerte, Ángeles. Ojalá me durara toda la vida.

Tus palabras me llegan, Javier, y me animan, y te las agradezco.

Julio, cambiamos el disfraz por quien lo lleva, la nostalgia tiene al menos dos caras, y seguramente muchas más. Es difícil de aprehender. Fíjate que has dicho penita, y no pena... Muchas gracias por tus palabras, y tápate un poco que se te ve todo;-)

Liliana G. dijo...

José Miguel:

Celebro que hayas descubierto el inmenso poder que se esconde tras la palabra escrita.
Ya sos dueño de manejar tu mundo interior y de viajar por los vericuetos intrincados de tu propio universo. Y eso no es poco...

La nostalgia, esa dulce melancolía que nos asalta, mantiene intacto en nuestro corazón las imágenes que alguna vez atesoramos.

Una vez más, felicitaciones.

Cariños.

José Miguel Ridao dijo...

Vaya, Liliana. Suena como si me hubiera iniciado en un rito antiquísimo, al alcance sólo de unos pocos. ¡Qué emocionante!:-)

Y coincido contigo en tu definición de nostalgia: dulce melancolía.

Abrazos.

Mery dijo...

Pues tienes toda la razón al decir que escribir en el cuaderno propio está muy cercano a desnudarse ante los otros. La primera sorpresa es el decubrimiento de uno mismo ¿verdad? porque resulta que te pones a escribir y te salen cosas que ni siquiera sabías que estaban ahí, que sentías y que permanecían ocultas.
Quizás si no escribiéramos, nos moriríamos sin descubrirnos realmente. Qué complejo es el ser humano, pero qué interesante por ello mismo.

Tus nostalgias te salen muy bellas, señor Ridao.
Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Es cierto, Mery; ésa es la primera sorpresa. Nos vemos desnudos por primera vez, es como si el blog fuera nuestro primer espejo de verdad, y los otros espejos que miramos todos los días nos engañaran con una desnudez impostada.

Como me siga enrollando me sale la entrada de mañana;-)

Buenas noches, Mery.

Alejandro Muñoz dijo...

Miguerrr..., ¿que te pasa?
Todos tus comentaristas están encantados esta semana de tenerte nostálgico e incluso desnudo.
Estás muy denso estos días. Si llego a seber que este encierro vacacional en Sevilla te iba a dejar así, organizo de nuevo lo de la playa.
Te habría ahorrado la entrada del jueves y las posteriores habrían sido distintas. Eso sí, el tiempo no te habría permitido muchos desnudos.
¿Qué este año no era posible?
Ya no te acuerdas de que Jaime estuvo a punto de nacer en mi jardín, en pleno ataque de risa de Lola.
Un saludo difierente.

José Miguel Ridao dijo...

Sí que estoy denso, Álex. Te puedes imaginar lo que es estar toda la semana encerrado con una criatura y 3,9 criaturos. Menos mal que me ha dado por la nostalgia, y no por la locura. Y no es mal sitio un jardín para nacer, seguro que a Miguel le encantaría verlo, y haría algún comentario al respecto. En fin, creo que dentro de nada se me acaba la nostalgia de golpe, voy a durar menos como poeta que el Mani en una agencia de modelos.

Un abrazo insomne.

Octavio dijo...

Ah, la nostalgia, esa puñetera. A mí suele llevarme a huir hacia adelante y a poner todo mi empeño en no dejarme alcanzar.
Buenos versos, amigo Ridao.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias, Octavio. Déjate coger de vez en cuando, igual te viene bien un descansito...