jueves, 9 de abril de 2009

Nostalgia playera


Hoy podría hablar del Jueves Santo en Sevilla, de las pocas veces que he visto salir Pasión del Salvador, o de esas madrugás de fríos, hileras de adolescentes cogidos de la mano, olor a Macarena y a Trianera, silencio abrumador al paso del Calvario, respeto y unción al paso del Silencio. Pero no soy yo quién para hablar de esas cosas, no son muchas mis madrugás, ni grandes mis sentimientos. No faltan quienes glosan esos momentos, algunos con magisterio, como el amigo Juan Antonio González Romano, al que acabo de leer y a quien debo esta introducción. No, yo pertenezco a esa estirpe de sevillanos que no sienten la Semana Grande como es debido, que cuando llegan estas fechas señaladas salen a la calle de vez en cuando, ven pasar los nazarenos, andan detrás de alguna virgen, ciertamente se emocionan a los sones de la Amargura, pero, todo hay que decirlo, se aburren un poco y no soportan esas bullas de empujones y esperas interminables, de chaquetas azules recién estrenadas que con el paso de los años pierden su olor a cielo azul y calor de Domingo de Ramos, y acaban por permanecer en el armario mientras que otros amigos ávidos de incienso se deben comprar una nueva, gastada como está la primera por noches de relente bajo la luna mágica sevillana.

Muy pronto, recién estrenada nuestra mayoría de edad, algunos amigos dejábamos alegres la ciudad cuando llegaba el Jueves Santo, si no antes. Tengo la fortuna de conservarlos, cierto que se cuentan con los dedos de una mano, pero como son amigos de verdad no necesito más. Recuerdo bien nuestra llegada a la playa, en Rota o en Matalascañas. No era la misma playa del verano, sino otra muy distinta, como recién estrenada, poblada de grupitos de jóvenes que, como nosotros, habían escapado del bullicio y, lo que es mejor, de casa de sus padres. Entonces no era como ahora: los grupos eran bien de chicos o de chicas, pocas veces mezclados. Entre risas, chistes y alguna que otra barbaridad mirábamos de reojo a las otras pandillas, y nos fijábamos en alguien, puede que la amiga de la hermana de uno de nosotros, pero no nos atrevíamos a acercarnos, al menos yo. Seguramente la de entonces no era la mejor educación, en colegios de niños y de niñas, que sólo en COU se unían en una clase, disparando hormonas y levantando revuelos, pero ahora al recordarlo siento un pellizco en el estómago, una especie de recuerdo, nostalgia o evocación entre dulce y nerviosa, que me lleva a mis dieciocho años, ciertamente menos plenos que los que ahora tengo, y también más inciertos, pero a cambio incomparablemente más emocionantes.

La luz de marzo
adormece las olas.
Miro tus ojos.

19 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Gracias por la mención, amigo. Y no te creas, también yo he conocido viernes santos en Matalascañas (no de adolescente, eso sí) y es cierto que las playas son entonces muy distintas, nada que ver con lo que allí se forma en verano.
Son días, en cualquier caso, para la nostaligia, como la que brota en tu estupendo haiku.
Dentro de unos minutos, cuando me ponga mi traje azul marino (hoy lo estreno, fíjate por dónde), me acordaré de ti.
Un abrazo.

Ricardo dijo...

Ciertamente es curioso que días cuyos contenidos en ningún caso podemos calificar de sentimentales, generen nostalgia, y sin embargo, es así, y de hecho de vez en cuando tengo la necesidad de escuchar a los Toreros Muertos para rememorarlos

Por cierto, creo recordar que al pocker te calentàbamos habitualmente

José Miguel Ridao dijo...

Gracias a ti, Juan Antonio. Que disfrutes la madrugá como nunca, y que te dure el traje muchos años, que no está la cosa para muchos dispendios. Un abrazo.

¿Pocker, Ricardo? ¿Pero cómo ibas a ganar si ni siquiera sabes cómo se escribe? Déjate de fantasías que hay testigos, una cosa es lo que te gustaría que hubiera sido y otra muy distinta lo que fue.
Por cierto, se me ha olvidado mencionar La Antilla, luz de abril, arena blanca, días intensos, que ahora recuerdo dulces...

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me gusta el haiku José Miguel.

Una cosa, lo de Juan Antonio es genial, estoy viviendo la Semana Santa con él y sus entradas.

Sobre tu juventud, genial. Somos de una generación parecida y me alegra, y mucho.

Ahora estoy en la playa.

Esta noche o mañana publicaré una foto que he tomado en mi terraza, aunque hace frío, esto es la juventud amigo, la juventud.

Gracias por las nostalgias.

Un abrazo.

Alejandro Muñoz dijo...

Hace ya 23 años de eso.
Una "bulla" de recuerdos se apelotona ahora en mi mente. Te agradezco que me hagas recordarlos de nuevo.
Ahora son irrepetibles.
Contando sólo con una mano, para vivirlos de nuevo, tendríamos que pedir permiso a cuatro mujeres, 10 hijos (11 la próxima semana) y toda una ONG.
Benditos recuerdos.
Callas muchos de ellos.
Uno de tus comentaristas debería mostrar hoy, Jueves Santo, más respeto.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias a ti, Javier, gracias por que te guste el haiku y gracias por compartir mi nostalgia.

José Miguel Ridao dijo...

¿Tantos años ya, Álex? ¿Tantas mujeres? ¿Tantos hijos? Sí son irrepetibles esos momentos, y es cierto que callo muchos.

¿Sabes lo mejor de todo? Que después de tanto tiempo mis amigos me siguen acompañando y entendiendo, y además hablan conmigo en mi cuaderno. Bastan los dedos de una mano, no hacen falta más...

Un abrazo nostálgico y sincero.

Liliana G. dijo...

No soy quién para meterme entre los recuedos de viejos amigos pero lo hago para decirte solamente que tu nostalgia me trajo la mía y tu mocedad también. Y me puse a pensar en la suerte de tener esas nostalgias, porque eso quiere decir que en ese momento fuimos felices aunque no lo supiéramos. La distancia en el tiempo nos emociona con las vivencias del ayer porque éstas fueron vividas de la mejor manera y eso ya no se puede perder...

Ha sido muy grato leer tus recuerdos, tus nostalgias y los versos de marzo adormeciendo las olas.

Cariños.

Ricardo dijo...

Jose Miguel, efectivamente recuerdo días felices y días intensos, que ahora podemos recordar como importantes

Hablando de Semana Santa, este año estoy disfrutando con intensidad de la de Zalamea, que me ha sorprendido porque todo un pueblo se vuelca en ella y con respeto y buen gusto, y miércoles, Jueves y Viernes Santos las cofradías dejan imàgenes preciosas y con características propias. Mi hija de dos años sólo habla ahora de ello y espera con ansia la hora de salida de la procesión

Y en relación al poker (o pocker, poquer, ...?) sabía que tanto Ale como tú chillaríais cual Coribantes, y creo que habría que pedir màs permisos que los que Ale indica, tendríamos que completar el cuadro no sólo con actores principales, sino que necesitamos incluir a los comparsas

En fin, ahí queda eso

José Miguel Ridao dijo...

Gracias por tus palabras, Liliana. No te entrometes para nada, éste es un cuaderno para compartir con todos los que llegan. Me ha encantado eso que dices de que entonces fuimos felices aunque no lo supiéramos. Es una gran verdad, y muy poética.

No sabes lo que te envidio, Ricardo. Creo que la Semana Santa en los pueblos pequeños es más auténtica. Tiene aquello que falta en Sevilla, que se perdió hace tiempo entre bullas y empujones.
Ah, y por ser el día que es te perdono el premio de Coribantes.

Un abrazo viernesantero.

Mery dijo...

Es verdad, es curioso como cada época tiene sus peculiaridades, que luego se transforman en recuerdos muy queridos.

Has mostrado muy bien esas nostalgias de la juventud llena de emociones: estábamos aún por cuajar, si, pero teníamos una frescura que...ay, juventud, divino tesoro, te vas para no volver.

Un beso

Anónimo dijo...

Por cierto ese Ricardo será tu amigo pero ...
¡QUE SANTA PACIENCIA!

H dijo...

Aquí estoy dentro de tus recuerdos, saboreando aquellos tiempos casi sin preocupaciones. Rota la comparto de oídas, hay muchas versiones distintas para los mismos hechos.
Si, disfrutamos mucho ayer, y hoy la nostalgia me hace darme cuenta de lo feliz que soy ahora, me consta que nos pasa a muchos.


Nos vemos en otros recuerdos y muy pronto

Ricardo dijo...

Jose Miguel, elaño que viene espero que podamos disfrutar de las cofradías de Zalamea.

Anónimo, cuanta razón tienes, pese a que somos amigos, qué santa paciencia, nunca mejor dicho en estos tiempos, hay que tener con Jose Miguel

Julio dijo...

Viernes Sato en Matalascañas para ponerse moreno y así ligar más en Feria, claro que sí. Habría que veros a Alejandro y a ti crapuleando por las playas...

Julio dijo...

Quise decir Santo: el Sato es de Domingo, no de Viernes (-;

José Miguel Ridao dijo...

Mery, los versos de Rubén Darío son la viva imagen de la nostalgia. Yo pienso que esos recuerdos no empañan, sino que realzan la madurez actual.

No lo sabes tú bien, anónimo.

H., dices lo mismo que acabo de decir a Mery. Dios los cría...

¿Otra vez, Ricardo? ¡Santa paciencia! Cuando quieras te asesoro gratis para abrir un blog.

Puedes preguntar a Alejandro, Julio, lo que nos comíamos por aquel entonces. Lo mismo que se comió el pastor... Te traiciona el subconsciente, estás deseando que pase la Semana Santa para volver al gimnasio y ponerte hecho un pincel para la Feria.

Abrazos colegueros.

Rosna dijo...

Me gusto el Haiku , por fin se decidió a escribir uno , si no le molesta puedo llevarlo ...???
Buena Pascua para tod@s !!!
Rosna

José Miguel Ridao dijo...

Por su puesto, es un honor para mí. No habrá quien lo aprecie mejor.

Buena Pascua también.