sábado, 21 de noviembre de 2009

Alquimia


¿Por qué los versos son tan versos
y las palabras vanas tan estúpidas?
¿Por qué no caben en un libro
todas las frases de este mundo?

Yo quiero combinar todos los signos,
buscar el alma del abecedario
y destilar la quintaesencia de las letras
para verterla en el cáliz de un poema.
Luego quemaré los libros,
beberé del cáliz,
guardaré el poema
en mi ordenador,
y empezaré a morir.

9 comentarios:

Paloma dijo...

¿Exixtirá realmente una alquimia de las palabras?

Y en caso afirmativo ¿sería la búsqueda del poema pefecto?

Lástima que el oráculo no permita una segunda pregunta.

Me ha gustado. Besos.

oliver sotos gonzález dijo...

Pues llama al albacea por si acaso. ¡Ah! Y que parezca un accidente, que como se enteren que lo que quieres hacer es eutanasia lo mismo ni te dejan, que no está la cosa como para perder un contribuyente.

Rafael Lucena dijo...

Empezaste (empecé, empezamos...) a morir desde el primer por qué.

Er Tato dijo...

¿En el ordenador? Búscate un cáliz con USB... Me quedo con los primeros versos.

Un abrazo

Olga B. dijo...

No caben en un libro porque no caben en la cabeza, pero la esencia del poema la veo en los versos quinto y sexto, especialmente en el sexto.
"Alma a quien todo un dios prisión ha sido..."
No te mueras, Ridao, polvo enamorado;-)
Buen finde.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias, Paloma. Yo quiero creer que existir existe. A ver si alguien que no ha gastado la pregunta oracular nos echa un cable.

Bienvenido, Oliver. Lo del albacea me da yuyu, y a la Agencia Tributaria que le den por donde amargan los pepinos. Pero vamos, que si uno tiene que morirse a sí mismo se muere, faltaría más, la poesía es lo primero.

Agradezco de corazón tus palabras, Rafael. La pena es que la vamos a palmar todos, pero bueno, eso se veía venir...

Yo es que soy mucho de ordenador, Tato. De hecho este poema lo compuse ayer por la noche directamente en blogger, y dejé la entrada programada para la mañana. Sé que no es redondo, pero yo lo suelto a ver qué me decís. Coincidimos: los cuatro primeros versos son mis preferidos también.

No te preocupes, Olga: no podrá cerrar mis ojos la postrera sombra, ni la primera tampoco. De hecho, con el petardo de Gonzalo no se me cierran ni por la noche. Me ha gustado mucho lo que dices de la esencia de mi poema.

Abrazos a discreción.

Liliana G. dijo...

A mí me encantan los versos desde el quinto al octavo, tienen arte y magia.
Las preguntas, por retóricas, se contestan solas por más que la metáfora trate de impugnarlas.

Eso sí, nada de empezar a morir José Miguel, se te necesita por aquí y no estamos dispuestos a empezar a morir por compañerismo... :)

Besos.

Alejandro dijo...

Si piensas guardarlos en el ordenador, utiliza una tipografía adecuada. Juan Antonio dejó en el blog de Siltolá un enlace para descargarse la Ibarra.

Te recuerdo que a morir empezamos hace 42 años, que vamos mejorando y que cada día que pasa... nos quedan más.

Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Es como dice Alejandro ahí abajo, Liliana, todos hemos empezado a morir. Gracias por el arte y la magia que me asignas, todo un honor.

Eso me ha gustado, Álex. Cada día nos quedan más. ¡No nos quea na...! Sobre todo a mí.

Un beso y un abrazo.