jueves, 26 de noviembre de 2009

Pepinos y cocodrilos

En verano solemos comer muy bien en mi casa, porque como estamos en Alájar nos abastecemos de productos de la huerta: tomates, pepinos, judías verdes, calabacines... cuyo sabor no tiene nada que ver con el de los que se compran en los supermercados de la ciudad, que saben más bien a plástico. La vuelta a Sevilla es en ese sentido un pelín traumática, pues aunque vamos a la sierra los fines de semana, y solemos volver con huevos de campo y otras cosillas, el resto ya tiene que esperar hasta el año siguiente. Fijaos hasta qué punto llega la cosa que una noche se despertó mi hijo Jaime (4 años) llamándome sobresaltado, y cuando acudí a consolarle y le pregunté qué quería, me dijo:

- Papá, dame un pepino pero con mucha sal.

Y acto seguido, se durmió.

Aunque está feo que yo lo diga, Jaime es un crack. Ayer, sin ir más lejos, cuando se despertó por la mañana vino a mi cuarto muy indignado, diciendo:

- Papá, ayer no me hiciste la crucecita y por eso he soñado con un cocodrilo.

Y, como vio que yo estaba con el bebé Gonzalo en brazos dentro de mi cama, se dirigió a él con estas palabras:

- Gonzalo, hay que dormir de noche y despertarse de día.

Y áhí me quedé yo, con cara de tonto...

16 comentarios:

Ángeles dijo...

Que tierno José Miguel.
6 besos.

Capitán dijo...

Macho, que no te enteras, menos mal que Jaime está en todo.

Por cierto, doy fe de que es un crack.

Mono Burgos dijo...

Bueno,
Como conozco esos andurriales y su buenos productos doy fe de lo que escribes.

Estoy totalmente de acuerdo en que Jaime es un CRACK.

Besos,

Pd: este año tampoco trabajo. Ahora estoy la dos en todas las provincias. Ya sabemos como funciona educación (quién me habrá mandado meterme en esto)

Máster en Nubes dijo...

qué envidia me das, por muchas cosas, pero también desde luego que por lo de comer verdura que sepa, que es que hoy no saben las cosas a nada. El tomate, por Dios, que es como algodón ¿tomas del de verdad, del que huele y sabe?. Tu hijo no es listo (y rico) ni nada...Un abrazo, Ridao.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Joder con los niños, con los tuyos vamos.

Ahora mismo hablo con los Mercuriales.

De menú en la próxima tertulia, a cada uno, un pepino con sal. Y desde luego a algunos les caben un pepino mayor que a otros....

(No digo nombres)

(Todavía, hasta mi expulsión, soy mercurial)

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
No sé si te lo he dicho ya antes: ¡cómetelos (a los niños, no a los pepinos) ahora que puedes...!
Salu2

Alejandro dijo...

Este Jaime sigue siendo un auténtico crack. Cuídamelo que, aunque se ponga colorado cuando la ve, es de la edad de mi hija.

Besos para toda la familia. ¿Vais a Alájar? Necesito reponer ibérico en mi despensa y si estáis pasamos el sábado.

maile dijo...

Los locos, los borrachos y, sobre todo, los niños... dicen que son los únicos que dicen la verdad.
A los primeros, no los escuchamos... a los segundos, posiblemente no queramos ni verlos... pero los niños... los niños poseen ese sexto, o séptimo, sentido que les permite hacernos transparentes y adivinar hasta nuestros más profundos sentimientos como si en la cara se nos notara.
Y lo malo no es eso... lo peor son esos tres palmos de narices que se nos queda cuando nos damos cuenta.
Pero... ¡son tan tiernos...!
Por eso... comáselos ahora, como dice el señor Dyhego, que estan tiernos, que con la edad pueden resultar algo... indigestos. Aunque claro, siempre puede echar mano del Almax.
Seguro que le harán feliz, señor Ridao.

Juanma dijo...

Qué rico, por cierto, un pepino en rodajas con sal...

¿Y esos tomates que explotan en la boca? ay, es verdad, en los super y en los hiper todo es de plástico.

Besitos a todos tus niños. Y a Lola. Y a tí, querdio mío.

Julio dijo...

Si los comprases en nuestro súper, te doy la razón, Ridao.

Liliana G. dijo...

¡Qué bonitooooooo el niño! Cada vez que te leo babeando por tus hijos me da un ataque de ternura... y de nostalgia ¡crecen tan rápido!

Recuerdo que cuando nació nuestro último crío y ya pensamos en plantarnos en cuatro, le dije a mi esposo "no sé que vamos a hacer luego sin bebés en la casa..." ¡Es verdad! Cuando crecen uno añora los pañales que antes nos volvían loco.

Lo dicho, Jaime es un Master...

Besotes.

marisa dijo...

Yo soy fan de la ensalada de pepino con sal y aceite, en rodajitas, como lo hacía mi abuela...Pero ahora tambi´ñen soy fan de Jaime.Ay estos niños nuestros, ojala no crecieran tan rápido.Un besazo

mangeles dijo...

Pues es obvio y evidente...

Hay que enseñar a los bebes, a dormir de noche y estar despiertos de día....

Pienseló Vd. ...¡hay algo más aburrido y desquiciante, para un hermano, que un bebé que está todo el día dormido...y encima por la noche despierto y berreando...

Jaime lo ha captado a la primera...

Besos para Jaime...y un saludo cordial para Vd.

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, Ángeles, otro beso para ti.

Es verdad, Capitán, no termino de enterarme.

Mono, acuérdate de lo que te digo: un día cambiará tu suerte y te vendrán todas dadas.

Sí, Aurora, tomates de esos rosados y grandes que cuando los abres están apretados. Pero ya hasta el verano que viene...

A alguno le cabe el Titanic de costao con el Mani en el puente de mando, Javier.

Ya me lo dijiste, Dyhego, pero no se dejan.

Esta semana toca quedarse, Álex. A la próxima sí vamos.

Qué bonito comentario, Maile, te lo agradezco mucho.

El pepino en rodajas es de mis platos preferidos, querdio Juanma, aunque hay pepinos y pepinos, como es bien sabido.

Yo ahí no compro casi na, Julio.

Yo sí sé qué voy a hacer cuando no tenga bebés, Liliana. A lo mejor lo añoro, pero ahora no lo vislumbro, la verdad.

Gracias, Marisa. Coincidimos con Juanma. Está buenísimo el pepino en ensalada, es un "tapado" en nuestra cocina.

Bienvenida, mangeles. Ya me gustaría que Gonzalo hiciese caso a Jaime, pero es muy terco para los pocos meses que tiene.

Un abrazo a todos, y muchas gracias por vuestros comentarios.

Sombras Chinescas dijo...

El pensamiento de los niños puede parecer heterodoxo o ingenuo, pero siempre es lógico.

José Miguel Ridao dijo...

Ay, si los políticos fueran niños...