miércoles, 18 de noviembre de 2009

Escatologías


¿Para qué vivir tanto tiempo, si estamos condenados a morir? Lo que de verdad importa es que el tiempo que estamos en este mundo seamos felices. Y también es bueno durar lo suficiente como para no hacer demasiado desgraciados a los que nos quieren en el momento en que nos marchamos. Morir es duro... para los que se quedan aquí, que tienen muy difícil asumir una marcha definitiva, un designio inapelable, un vacío que nunca se llenará. De todos los mitos de la antigüedad, el que más me conmueve es el de Orfeo y Eurídice. La pena de Orfeo es insondable, abismal, desgarradora. Cuando se nos va una Eurídice se va un trozo de nuestra alma con ella, pero, aunque no lo sabemos, el alma se regenera y crece de nuevo; distinta, pero alma al fin. Los sabios tienen asumido que la muerte es algo natural, y dicen que no sufren. Pero, entonces, ¿viven? Para vivir hay que saber morir, y sufrir la muerte, que no es más que la otra cara de la vida.

Imagen
: Orpheus and Euridice. George Frederick Watts (1817-1904).

P.S. Si es verdad que ejercitar la mente alarga la vida voy a durar más que un martillo en manteca, pues desde que tengo este cuaderno mi cabeza va al doble de revoluciones.

P.P.S. No os vayáis a creer que estoy todo el día pensando en la muerte. Hoy no sabía de qué escribir y me dije: pues de la muerte, que siempre está ahí pero hacemos como que no la vemos.

16 comentarios:

Juanma dijo...

Por fortuna para mí, cada vez me da menos miedo la muerte. Hace nada, hasta llegó a quitarme el sueño, y darme sudores, el pensar en ella. Será que la edad nos va enseñando que luchar contra lo inevitable, o vivir pendiente de ello, es un acto inútil. Y fíjate que a mí los actos inútiles son los que más me gustan.
En fin, esperemos llegar al momento postrero sin demasiada decrepitud, ¿no? Algo así como Francisco Ayala firmaba yo ahora mismo.
En todo caso, es muy cierto que hay que saber morir. Tanto como saber vivir. Casi en la misma medida. Además, antes de morir, nos vamos agotando. Un goteo es la muerte, ¿no?

Un fuerte abrazo, querdio mío.

P.S.: ah, ejercitar la mente no sólo alarga la vida...¿no te pasa a tí que también...?

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
¡Que se muera la muerte, por cabrona!
Salu2

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ya lo decía el poeta, Al fin y al cabo, en la vida, / solo es segura la muerte.
Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Esperemos que el goteo sea lento, querdio Juanma, como el que forma las estalactitas. Y sí, me pasa lo que me dices; de hecho, hace siglos que no tengo que usar cinturón para que no vaya arrastrando por el suelo.

Y que se mueran los cabrones también, Dyhego.

Es que los poetas son unos sabios, Juan Antonio. Aunque, bien pensado, también es seguro que este año el Sevilla se vuelve a clasificar para la Champions, ¿no?

Tres abrazos a repartir.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Y tan seguro, José Miguel.
Más abrazos.

el mono burgos dijo...

Supongo que sabes quien soy, porque ese mote me lo pusiste tú (bueno me lo puse yo y tú lo confirmaste).
Pues mira, yo no pienso en la muerte. Más bien, y viendo lo que tengo a mi alrededor, pienso en disfrutar a tope cada momento del día. Nunca se sabe que puede ocurrir...

Un beso

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No por hablar de la muerte se convierte necesariamente uno en un cenizo. Hacerlo con sinceridad y desparapajo indica, más bien, que uno es un firme partidario de la vida. Buena reflexión.

José Miguel Ridao dijo...

Y si me apuras la ganamos, Juan Antonio, con dos cojones...

¡El Mono Burgos! ¡Qué alegría verte por aquí! Ya sabía que me leías, pero comentarme es lo más. ¿Te acuerdas de aquella tanda de penaltis en la chimenea del Arrieros?
Yo tampoco pienso en la muerte, Mono (no me acostumbro al nombrecito...), pero hago esta reflexión, como dice más abajo José Manuel Benítez, como algo sano, como algo que hay que asumir. Aunque claro, a mí no me ha tocado todavía de cerca.

José Manuel, has captado perfectamente el sentido de mi entrada. Gracias.

Abrazos escatológicos (por el lado no marrón), y llenos de vida.

P.S. (para el Mono): Lola y yo esperamos que nos des una buena noticia.

El mono burgos dijo...

Yo espero lo mismo. Por lo menos voy viendo que el esfuerzo valdrá la pena. Y una parte ten por seguro que te lo debo a tí. GRACIAS.

Un beso

Máster en Nubes dijo...

JM, morir es muy duro para los que quedan... y duro para los que se van con mucho esfuerzo porque algunas agonías son de espanto. La muerte en sí no me asusta mucho, pero sí el dolor y la angustia del paso estrecho, eso sí que me espanta.

Estoy con JM Benitez, hablar de la muertes es a veces un signo de estar vivo y amar la vida.

Un abrazo de una viva y coleando, me ha gustado mucho esta entrada tuya.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Hay un poema de Rilke, "La muerte de la amada", sobre Orfeo y Eurídice, que trata de un modo muy bello esa complementariedad de la vida y de la muerte. Alguien dijo que en Occidente habíamos perdido el valor de mirar de frente a la muerte. Pienso que ocultar la muerte es quitarle también valor a la vida y banalizarla, perdiendo así su carácter sagrado o mágico. Se entiende de este modo que se la presente como prescindible en sus ambos extremos.

zim dijo...

Pienso que hemos pasado de ser una sociedad en la que se nacía y se moría en casa, tomados ambos 'trámites' como algo natural, sencillo e inevitable, a otra donde esos tránsitos parece que deben esconderse tras las asépticas puertas de un hospital, para poder recoger tanto al vivo como al muerto ya limpios y preparados (perdón por la crudeza).
Hace año y medio tuve la oportunidad de vivir la agonía y la muerte de mi padre, hasta su último suspiro. Puedo asegurar que lo más duro fue el lento calvario que supuso el camino, mucho más que el sencillo e inexorable final, que no deja de vivirse como una auténtica liberación.
Quizá haber tenido las manos de mi padre entre las nuestras (de mi madre, mi hermana y mías), acompañando su último viaje, sin aspavientos, conscientes de lo irrevocable de la situación, como el último gesto de amor que se puede ofrecer a quien quieres, ha otorgado el definitivo sello de calidad a mi madurez, la última prueba antes de ser calificada como 'apta' para la vida adulta.
Morir es tan simple como nacer. No duele la muerte, duele la agonía, y luego duele la ausencia. Y después de todo ello, contra la verdadera muerte (la del olvido) se erige el recuerdo. Gracias, José Miguel, por traerme hoy el de mi padre.

Liliana G. dijo...

La muerte es un tema espinoso ciertamente, nunca le tuve miedo a la muerte porque no me puse a pensar en ella, para qué perder el tiempo haciéndolo mientras se nos pasan momentos preciosos de la vida.
Pero cuando tuve la espada de Damocles en el cuello, mi mayor desesperación fue pensar en mis hijos, no en mí, y ésta es mi única preocupación, dejar los afectos, los únicos por los que sufriría. Soy consciente que no ha quedado más nadie para darles apoyo, eso me hace responsable de seguir viviendo a toda costa, no importa cuántos años tengan, el ser el último eslabón perdido me martiriza...
Ya ves, es mejor no perder el tiempo pensando en ella...

Besazos, José Miguel.

José Miguel Ridao dijo...

No exageres, Mono, que me he limitado a ejercer de amigo.

Gracias, Aurora. Tienes razón en lo del paso estrecho, y es verdad que asusta. Esas cosas sí que prefiero no pensarlas mucho: si tienen que llegar llegarán.

Hola, José Miguel. Es una tristre verdad que en occidente huimos de la muerte, hacemos como si no existiera, lo que no es sino una consecuencia de la banalización de la vida. Buscaré el poema de Rilke, me interesa mucho. Gracias.

Qué palabras tan auténticas y emocionantes, Zim. Me ha conmovido lo que dices, y me reconforta que el recuerdo que te traigo al hablar de esto sea bueno. Eso es la madurez, no es otra cosa.

Poco te puedo decir, Liliana. Sólo espero no convocar viejos demonios. No sabes lo que admiro tu entereza.

Un abrazo fuerte.

maile dijo...

Yo si pienso a menudo en ella. No le temo, más miedo me da el cómo o el cuándo, pero es que no quiero irme.
Es lo único que tenemos seguro en esta vida después de nacer, pero rezo para que llegue tranquila, suave, sin ruido, a traición si quiere, sin avisar. Que no ne regale su fría presencia durante demasiado tiempo... que no me haga compañía a la cabecera de la cama... que no espere que seamos amigas.

José Miguel Ridao dijo...

Muy bien expresado, Maile. Creo que es un sentimiento natural que todos compartimos. Para esos somos humanos.

Un abrazo.