viernes, 17 de septiembre de 2010

Apuntes (XII)


Es curioso comprobar cómo cada día, aunque no nos haya sucedido nada, nos pasan muchas cosas. Cada persona con la que hablamos, cada mirada, cada detalle de ese jardín o de esa alameda donde nos sentamos a tomar un café, encierra un tesoro de sensaciones, una fuente inagotable de placer, si se sabe buscar. Y eso no es nada comparado con lo que descubrimos si buscamos en nuestro interior, aunque ésa es ya una afición más peligrosa.


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Las cajas nos invaden como alienígenas marrones con una boca descomunal que todo lo traga y todo lo escupe. ¡Cuántas cosas caben en ellas, y qué ordenadas están, y qué miedo dan todas juntas!


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Tantas noches sin dormir, tantas lágrimas vertidas, tantos desengaños, tantos golpes, tantas horas muertas como la vida... se apagan con la luz de la mirada de un hijo.


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¡Cuánta mentira hay en la ambición!


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Otra vez la procrastinación, esa enfermedad incurable que ataca con mayor virulencia a los que somos poco disciplinados y trabajamos como freelance, o sea, mercenarios .

16 comentarios:

Mery dijo...

Animo con esa mudanza; además, lo que no se haga hoy se hace mañana.
Es curioso todo lo que aprenderíamos si al acabar el día nos detuviéramos a analizar lo que comentas: vivencias, encuentros, frases cazadas al vuelo...
La vida es sorprendente segundo a segundo.
Ah, una aclaración, Ridao: el libro al que aludo en mi última entrada no lo he leído aún, así que no puedo recomendarlo a conciencia. Sólo intuyo que puede ser interesante oir del propio editor sus encuentros con escritores y demás. Veremos a ver.

Un abrazo, el primero de la noche, por lo que veo.

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, Mery. Mi primer abrazo de la noche para ti también. Ya me contarás cuando leas el libro.

Sara dijo...

Me gusta mucho la sencillez de estos apuntes. Esa mirada limpia, inadulterada.... Muy refrescantes. Buena suerte con esa mudanza. Saludos.

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, Sara. Por ese camino intentamos marchar. La mudanza ya está encaminada. Empezamos a sentirnos como en casa, que no es poco. Un abrazo.

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
"Procrastinación" ¿no se te ha ocurrido otro palabro más enrevesado, quillo?
Un consejo zen (de zencimientos zenzatos): vacía una caja, después otra, después otra...
Salu2 zentimentales.
(Vivan el Murcia y er Betis y el Numancia y el Alcorcón...)

José Miguel Ridao dijo...

Si hasta le dediqué una entrada a la palabra, Dyhego. Seguiré tu consejo zen, y te perdono el premio del Alcorcón.

Dyhego dijo...

Como se te ocurra tocarme un cojón
te meto un hostión

José Miguel Ridao dijo...

¡Agárrame el cipotón!

adiz dijo...

Ha empezado a llové Migué... que has hecho..

Ramón Simón dijo...

Con tu permiso añado, José Miguel

¡ Y cuánta ambición encierra la mentira!

Saludotes, abrazotes

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Ves, ahora me arrepiento de haber dicho: ¡los muertos de los niños llorones!
Que razón tienes, todo se difumina ante la mirada de ojos agradecida y luminosa de un hijo.
Saludos.

Juanma dijo...

Qué bonito y cierto el apunte número tres.
Y qué cierto, también, ese peligro que ronda al buscar en nuestro interior.

Abrazos, querdio.

J.

El Naranjito dijo...

¿Ya los que somos tela de disciplinados y no trabajamos como freelance? ¿también nos ataca la enfermedad rara esa? Po estamos apañaos.
Un abrazo al medio día, que por la noche curro.

eutelia dijo...

Me viene al pelo la de los hijos. No he pegado ni medio ojo en toda la noche, pero, incluso con las fotos (ha venido alguien a mi oficina y se las he mostrado) se me cae la baba.
Un abrazo
eutelia

José Miguel Ridao dijo...

¡Hombre, Rapa, qué sorpresa! Es que doy el cante más de la cuenta. A ver si nos vemos un día, sin coña.

Y tú que lo digas, Ramón. Pasaré por alto los abrazotes...

Es verdad, Rafael. Hay que centrarse en lo bueno, y no esos tíos que están siempre potestando de los joíos niños.

Abrazos.

José Miguel Ridao dijo...

Mejor no asomarse mucho ahí, Juanma. Ya lo dijo Bécquer.

Qué va, Naranjito. Os libráis por suerte. No está mal currar por la noche; tiene su parte buena.

Es un revulsivo, Eutelia, la pócima mágica de Astérix.

Abrazos.