jueves, 16 de septiembre de 2010

Rooted


En el cemento sólo crecen matojos sin raíces que se arrancan de un soplo, pero en la Tierra, allí de donde venimos y a la que tendemos, las raíces crecen lentas e inexorables. Raíces de encina, de alcornoque, de árboles de rivera, de olivo y de jara, raíces de la huerta y de la sierra, de jazmines y macetas mimadas con esmero y colgadas para engalanar blancas paredes de cal. Raíces de cipreses en los cementerios, que al tiempo taladran la tierra y elevan sus copas puntiagudas. Raíces rojas como el terruño, comestibles, hechas de sudores antiguos y arados romanos. Raíces largas y fuertes como las vidas auténticas, como los troncos que alimentan, orgullosos hasta su muerte enraizada. Raíces que ven pasar, llevados por el viento, arbustos endebles que vuelan desde el otro lado del monte, más allá del río, donde no existe la oscuridad ni el silencio, donde los hombres han cambiado el curso natural de la vida y vagan sumergidos en el humo y deslumbrados por el neón. Contentos pero no felices; asqueados sin saberlo, sin tiempo para pensarlo. Libres de pies hasta el punto de no saber dónde parar y descansar. Esclavos de un siglo de progreso, de desmonte, de hormigón proyectado en aquellos campos de otros tiempos, hoy bulliciosos pero eternamente yertos.

19 comentarios:

Liliana G. dijo...

Ese es el precio que debemos pagar por tener autonomía de raíces, librepensadores del absurdo y del desencanto que nosotros mismos generamos en la omnipotencia de sentirnos grandes como un árbol, sin saber de que somos más pequeños que una radícula que nunca terminará de brotar...

Genial tu escrito, José Miguel, un golpe de existencialismo generador de reflexiones imposibles de callar.

Besos radiculados.

Javier de Navascués dijo...

Precioso y profundo como las raíces. Enhorabuena.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

¡Los muertos del Ridao!
Cada vez me gusta más lo que escribes, ya sea en broma o como en esta ocasión tan en serio y reflexivo.
Un abrazo José Miguel, felicidades y gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

¡Me has sorprendido, chaval!
Felicidades.

Juanma dijo...

¡¡Pero que gran entrada, querdio mío!! No sé, tengo la impresión de que te ha salido del tirón. Enhorabuena, es inteligente y es sensible, son las palabras justas. Es muy buena la entrada.

Abrazos.

P.S.: Raíces...qué buena serie de tv. (reviento si no suelto la chorrada. Lo siento).

L.N.J. dijo...

Cuando voy a mi pueblo natal, mi vecina Regina que ya es muy mayor me dice muchas veces: Lourdes, somos de la tierra, de ella venimos y volveremos al morir; nuestras raíces son muy profundas . Se expresa como sabe cuando mira sus piernas llena de varices y coge su andador. Pero la entiendo y me sorprende la conexión que tenemos entre todo y todos.

Me has sacado unas pocas lágrimas José Miguel, y es que tu escrito merece la pena, de veras, es genial.

Un beso.

Er Tato dijo...

¡Cooooñooo, Ridao! ¿Tu crees que mi hijo la entenderá o se hará el sueco desde más allá del río?

Un fuerte abrazo

P.S.: Aún no me explico cómo un keynesiano -que ya hay que ser simple y tener poca imaginación para apuntarse a ese club, y más aún para darme el premio-, puede escribir estas cosas. Y además pensarlas. Yo creo que te has equivocado de profesión. ;-P

mujer prevenida vale por dos dijo...

Tan bello...

El Naranjito dijo...

Mestro Ridao, este naranjo tiene la suerte de sentir sus raices en ese monte más allá del río. Grácias como casi siempre lo bordas.
Ole tus güe...

Ramón Simón dijo...

Quillo, tela , tela de bien escrito;

cuánta verdad encierra tus palabras.

Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Lilina, no conozco las radículas, pero no tienen muy buena pinta, no. Muchas gracias.

Agradezco mucho tus palabras, Javier.

Gracias a ti, Rafael, por mis muertos.

Y mira que es difícil sorprenderte, Javier. Muchas gracias.

Abrazos radiculares.

José Miguel Ridao dijo...

Efectivamente, J. En una cafetería mientras mi hijo Ignacio daba sus clases de natación. Adiós, Kunta Kinte, y gracias.

Tu vecina es sabia, Lourdes. Muchas Gracias.

Mr. Tato: sepa usted que el Sr. Keynes formó parte del elitista y literario grupo de Bloomsbury, juntoa a Virginia Woolf, entre otros miembros y miembras. A su lado Friedman era un ratón de bibliotecas matemáticas, que a lo sumo se leyó Alice in Wonderland, jeje.

Gracias, MPVX2, por tan sencillo y sentido elogio.

Abrazos bloomsburieros.

José Miguel Ridao dijo...

Me alegro, Naranjito, y por lo que he leído por la parte del Pedroso. ¡Los muertos de Oliver!

Un abrazo agradecido, artista. Pronto nos vemos separados por unas cervezas.

Abrazos.

Er Tato dijo...

O sea, que él también se equivocó de profesión. Ya decía yo... ;-)

Un abrazo con colleja

José Miguel Ridao dijo...

Ahí me has cogío, campeón. Ya te la devolveré.

Mery dijo...

Bello texto, en forma y contenido.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias de nuevo, Mery.

Liliana G. dijo...

Aquí va la definición, Ridao:

radícula s. f. Parte del embrión de una planta que al desarrollarse constituye la raíz. raicilla.

¡Eso es lo que somos! Y pensar que nos creemos árboles...

Besos mil.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias, Liliana. Pues no somos ni eso. Más que raicillas somos mierdecillas. Si lo asumimos todo es más fácil.

Un beso.