lunes, 12 de septiembre de 2011

Georg Trakl: Grodek


Georg Trakl fue reclutado para la Gran Guerra como farmacéutico militar en 1914. Participó en la batalla de Grodek, y tuvo que atender a decenas de heridos graves sin medios, sin medicamentos, sin anestesia. A esos hospitales de Galitzia se les bautizó como "Pozos de la muerte". No lo soportó: cayó en una depresión profunda, lo mandaron a un hospital militar de Cracovia. Ya no volvió al frente. Wittgenstein, su mentor, acudió a visitarle, pero llegó tarde: el poeta se había suicidado con una sobredosis de cocaína. Tan frágil como los más grandes, como su admirado Hölderlin. Poco antes de morir escribió el poema Grodek, inmenso.


Al atardecer retumban los bosques otoñales
de armas mortíferas, llanuras doradas
y lagos azules, mientras el sol
avanza lóbrego; la noche envuelve
a guerreros moribundos; los lamentos salvajes
de sus bocas destrozadas.

Y sin embargo, la paz reina en los pastos
de nubes rojas; donde habita un Dios furibundo
que vierte su sangre. Está gélida la luna;
todos los caminos desembocan en la negra putrefacción.

Bajo el follaje dorado de la noche y las estrellas
vacila la sombra de la enfermera hacia el bosquecillo silencioso,
para saludar a las almas de los héroes, las cabezas sangrantes.
Suenan apagadas en los cañones las oscuras flautas del otoño.

¡Oh, dolor orgulloso! Tus altares de bronce,
la llama ardiente del espíritu, alimenta hoy un inmenso dolor,
los nietos que no nacerán.


Am Abend tönen die herbstlichen Wälder
Von tödlichen Waffen, die goldenen Ebenen
Und blauen Seen, darüber die Sonne
Düster hinrollt; umfängt die Nacht
Sterbende Krieger, die wilde Klage
Ihrer zerbrochenen Münder.

Doch Stille sammelt im Weidengrund
Rotes Gewölk, darin ein zürnender Gott wohnt
Das vergoßne Blut sich, mondne Kühle;
Alle Straßen münden in schwarze Verwesung.

Unter goldenem Gezweig der Nacht und Sternen
Es schwankt der Schwester Schatten durch den schweigenden Hain,
Zu grüßen die Geister der Helden, die blutenden Häupter;
Und leise tönen im Rohr die dunkeln Flöten des Herbstes.

O stolzere Trauer! ihr ehernen Altäre
Die heiße Flamme der Geistes nährt heute ein gewaltiger Schmerz,
Die ungeborenen Enkel.

6 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
O este señor ha visto muchos horrores o tiene cara de ser más raro que un perro verde.
Bromas aparte, el poema también es aterrador.
Muy holocáustico anda vd últimamanete.
Salu2 algo más alegres.

José Miguel Ridao dijo...

Lo reclutaron para la Gran Guerra como médico, participó en la batalla de Grodek y tuvo que atender a heridos graves sin medios, sin medicamentos, sin anestesia. No lo soportó: cayó en una depresión profunda, lo mandaron a un hospital, luego a un manicomio. Ya no volvió al frente, se suicidó pocos meses después. Tan frágil como los grandes poetas. El poema es inmenso.

Un abrazo holocáustico y nocturístico.

José Miguel Ridao dijo...

Oye, me ha gustado tanto mi respuesta que la he incluido en la entrada. Si es que cuando uno se gusta...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Qué pedazo de descubrimiento te debo. Me acabas de dar una idea magnífica.

José Miguel Ridao dijo...

Ya estoy intrigado, Jesús. Seguro que lo sacas en el blog.

Rodrigo dijo...

¿Qué tal dar unos datos sobre la foto? Autor, lugar, fecha, relación con la batalla de Gródek, por ejemplo.