sábado, 3 de septiembre de 2011

Poetas dopados


Debería haber controles antidoping para los poetas. No tiene ningún mérito atiborrarse de anfetas, fumarse veinte canutos en un cuarto de hora o zamparse un revuelto de amanita muscaria para alcanzar el trance creador. Que se lo digan a los bohemios del XIX, que se ponían de absenta hasta las trancas, así salen en los retratos con esos ojos alucinados. Lo difícil es escribir poesía a las diez de la noche, después de un largo día de trabajo y cuando los niños se han ido por fin a la cama. Ahí querría yo ver a Poe, a Verlaine y a su amiguito Rimbaud, con ese careto de degenerado, a Baudelaire o al mismo Bécquer.

La cosa viene de lejos, no hay más que recordar al Dante, que descendió al infierno nada menos que con Virgilio, un infierno con nueve círculos, como si fuera un capirote, que es lo que tenía en la cabeza el poeta florentino. Todas las épocas y todas las latitudes están repletas de poetas tronados por el efecto de sustancias extrañas. Si tomamos nuestro siglo de oro, Lope era un hiperactivo redomado, enganchado a la droga más dura: la que te la pone dura; la mala leche de Quevedo no era normal, o bien tenía almorranas o era aficionado a la quinina; en cuanto a Góngora el pobre era cascarón de huevo. Es cierto que algunos, como Unamuno o el propio Cervantes, parecen bastante cuerdos, pero así les salieron los poemas a los pobres. Podríamos hablar de muchos contemporáneos, pero lo voy a dejar aquí no vaya a ser que me lean, y con lo locos que están me peguen un tiro.

Si nos vamos fuera de nuestro país el asunto se vuelve aún más interesante. Tenemos, por ejemplo, el caso de Eliot, que aparece muy serio en las fotos pero su nariz de cuervo le delata: por ahí le cabía el manso, y si no a ver cómo iba a escribir esos versos tan raros con pájaros que hablan y cadáveres plantados en los jardines. El mismo Rilke, sin ir más lejos, que trata con tanta confianza a los arcángeles de los órdenes celestiales y cuya alma elevada circula siempre por arroyos impetuosos, forzosamente tenía que fumarse algo raro para tener esas visiones. De los rusos ni merece la pena hablar, todo el mundo sabe que están locos, probablemente intoxicados con el té que beben a todas horas de esos samovares que se los imagina uno como estufas humeantes.

Y por ir terminando con algún otro ejemplo, tomemos a los poetas americanos más insignes. Dejando aparte a Poe, cuya familiaridad con todo tipo de estupefacientes no ofrece ninguna duda, pensemos en Whitman, contemplemos su retrato, con esas barbas de patriarca bíblico. Un yonqui en toda regla, sólo he visto tíos más feos que él aparcando coches en el Virgen del Rocío.


Para ser honestos y en honor a la verdad, debo reconocer que ha habido y hay algunos (pocos) poetas limpios. Un ejemplo es Pessoa, aunque sólo a medias, porque todos los días se tomaba sus buenos lingotazos en una barra del Chiado, y el pobre murió alcoholizado, pero lo cierto es que el alcohol no le hizo el más mínimo efecto, el tío no era más cenizo porque rompió el molde al nacer, cualquiera que hubiese bebido como él habría compuesto como mínimo un par de odas y alguna jaculatoria. Sin embargo, existe un caso clarísimo de excelsitud poética combinada con limpieza de sangre: la gran poeta estadounidense Emily Dickinson.
Leyendo sobre su vida y contemplando el famoso daguerrotipo que le hicieron resulta ab-so-lu-ta-men-te imposible que esa mujer haya bebido algo distinto al agua en toda su vida.
Uno que fue muy cuco es Basho, que consiguió pasar a la historia de la poesía con el salto de la rana. Y ya para terminar, el poeta que se lleva la palma, aquél que hubiera pasado todos los controles antidoping del momento, no es otro que Hölderlin. La gente cree que estaba loco, pero es rigurosamente falso: lo que ocurre es que el tío era un artista, y se las arregló para engañar a todos y vivir de gorra en la casa de un carpintero con una habitación para él solo donde escribir tranquilamente sus poemas.

11 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
Si su ecuación lisérgico-poética fuese cierta (que lo pudiere ser)los borrachos de los bares escribirían poemas a troche y moche...
Salu2 analgésicos (llevo en estos últimos días tragados más ibuprofenos que hostias han recibido los que fueron a ver al papa, jejeje).
Así me salen a mí estos comentarios tan sesu2.
Salu2.

José Miguel Ridao dijo...

No, hombre, Dyhego, que además que borracho hay que ser poeta.

Que te mejores.

Dyhego dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anna Jorba Ricart dijo...

Efectivamente si no se es poeta, por muchos estimulos que te ayuden a levantar el éspiritu, nada de nada.
Ser poeta es una manera de sentir especial que está dentro, sin aditivos.
Un saludo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Pues dígame usted qué droga nos recomienda a los poetas actuales para poder escribir poemas a las diez de la noche agotado del trabajo. Un abrazo.

José María JURADO dijo...

Me parto. Para el club de la comedia excellent. Abrazos.

L.N.J. dijo...

Creo que son dopajes legales. Todos tenemos nuestras drogas, manías e "inspiraciones" para hacer lo que nos gusta. Podríamos dejarlo en neurosis, psicosis, adicción a esta máquina, dramas..., jaja
Pero vamos a dejarlo en "esencia" que queda más bonito y así nadie se asombra de nada.

Como siempre mi querido José Miguel, sacando provecho a todo.

Genial.

Sara dijo...

Buenísimo, José Miguel, cómo me he podido reir ¡Mil gracias!

Anónimo dijo...

Pues anda que no se ha despachado Ud. a gusto con lo más granado de la poesía... ;-)))!

La anónima de siempre

Martín Garrido dijo...

Muchos artistas necesitan entrar en trance y no pueden hacerlo de otra forma que a través del vicio... Nonell, sin ir más lejos, no podía pintar bien de verdad si no estaba completamente borracho. Ahora que lo pienso, uno de los mejores pintores que he conocido en mi vida y que desgraciadamente murió el año pasado, tenía ese mismo problema... Lo que pasa es que al final, de tanto beber, acabó siendo alcohólico... La vida, cómo es...

José Miguel Ridao dijo...

Pues me alegro mucho de que os hayáis reído leyéndolo, es un poco como dice JM Jurado, para el club de la comedia, aunque esto lo leen en la tele y no se entera ni Dios, una poquita de poesía hay que saber para disfrutarlo.

Para Cotta: es bien fácil, hombre, tú lo sabes bien: las endorfinas, el clembuterol y todo eso. No finjas, que he visto una foto tuya en el blog que daba miedo, estás vigoréxico perdido, así cualquiera es buen poeta.

Gracias a todos, y mi bienvenida a Martín Garrido.