viernes, 9 de diciembre de 2011

Apuntes (144): Animismo moderno


No hay que confundir a un misántropo con alguien que está hasta los cojones de aguantar gilipollas.

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aquel niño de ojos grandes
sigue jugando en el barro
está tan fría la tarde...
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Bien pensado, hacerse una paja es lo más parecido a un aborto en masa.


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¿Para qué compararse con nadie? ¿Por qué buscar el afecto y la consideración de personas anónimas? Si hacemos algo, que sea para nosotros mismos o que sirva como ofrenda para los que nos importan.

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Los instintos milenarios de supervivencia y barbarie han existido en los españoles hasta hace bien poco, como se demostró en la Guerra Civil. A estas alturas, bien entrado el siglo XXI, seguramente no han desaparecido del todo, pero en la mayoría de la gente están agazapados muy dentro, y ni siquiera una nueva guerra los despertaría. Lo que no se ha eliminado, ni siquiera escondido, es el egoísmo y la impiedad. La civilización moderna es la más vana de la historia; una vez satisfecho el sustento básico, los afanes se han dirigido a la llamada socialización, y ésta se basa en compararse con el vecino, y tener más que él. Así ha nacido el consumismo, el comprar por el placer de comprar, el tener cosas que no se usarán después. La barbarie troglodita ha dejado paso al animismo del oro, del papel moneda, a la felicidad falsa comprada con dinero auténtico.

10 comentarios:

Jesús Díaz Palma dijo...

Pero los confunden, y los apedrean... Los gilipollas, por supuesto.

El consumismo: la peste del siglo XXI.

Fernando Moral dijo...

Está todo muy bien y muy clarito, excepto en el tercer punto. ¿Podrías ser más directo? No entiendo el primer eufemismo.

Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Jesús: a mí en esto de los gilipollas, los locos y demás siempre me queda una duda: ¿será cuestión de mayorías? Lo malo es que yo siempre estoy con la minoría.

Está bien, Fernando, te lo explico: los curas deberían prohibir la masturbación, pues además de dejarnos ciegos, como todo el mundo sabe, tira millones de vidas en potencia por el retrete, por la ducha o por el huerto del tío Vicente.

Abrazos macoqueros.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

El primer apunte me tranquiliza. Mi mujer no deja de decirme que me voy a tener que hacer una jaula para mí solo. Cada día aguanto menos a los gilipollas y a los tontos.
El tercero me horroriza. Pues, viéndolo así, mi descendencia podría haber sido mayor que la de Abrahan.
Por cierto, si tienes unos minutos pasa por mi rincón, creo que te aclaro una duda.
Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Pues la mía sobrepasaría a la de Adán y Eva, me temo, y eso sólo entre los catorce y quince años. Ya leí ayer tu entrada, Rafael, pero iba con prisas y no pude comentar. Allá que me voy, figura.

L.N.J. dijo...

José Miguel, es que vivir a través de este aparato y para este aparato es lo que nos hace fríos, estalactitas y sonámbulos.

No me adapto al siglo XXI, recuerdo cuando no me sentía sola entre la gente y cuando escribía con tiza en la mesa de madera de mi abuela.

Vivir para las personas que queremos, es amor.

¡Ay, mi feclicidad!

Fdo: "La cabra mecánica"

L.N.J. dijo...

Bueno, a veces también se quieren a otras personas que vemos por la calle y las conocemos sólo de vista.

José Miguel Ridao dijo...

Lo suyo es hacer uso de este aparato como si fuera una tiza, pero con las ventajas de un teclado.

Mery dijo...

¿ Y ese anacoluto entre los anacolutos, sobre un niño de ojos grandes que sigue jugando con el barro?
Es muy lindo (como decís por el sur).

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, y me has recordado tiempos escolares con el anacoluto; confieso que he tenido que acudir a la wiki.