lunes, 5 de diciembre de 2011

Frío, nostalgia y Paraíso


Hoy tengo el frío metido en el cuerpo, como no me sucedía desde que era niño y llegaba al colegio con las orejas duras, rojas. Al poco tiempo formábamos en fila en el patio con nuestras trenkas marrones o azules oscuras. Eran los años 70, y yo no sabía de política, sólo entendía de clases de Matemáticas, Lenguaje y Geografía, los ríos de la vertiente cantábrica, cabo Machichaco, golfo de León, concentraciones parcelarias, un mapa de España lleno de colores donde todo estaba en su sitio: Castilla la Nueva y Castilla la Vieja: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia. Los dedos fríos, lápices negros y amarillos sobre un cuaderno de caligrafía. Aprendíamos a sumar en clases de techos altos y resonancias de convento moderno con círculos azules, rojos y verdes, unidades, decenas y centenas. Esas centenas verdes estarán siempre ligadas a mi infancia. Tablas de multiplicar desgranadas con trabajo en casa, cantadas después en clase con voz temblorosa de miedo y emoción. Viejos pupitres de madera oscura, con escritorio de tapa y un hueco para un tintero desaparecido en los años de la posguerra. El hermano Domingo con su chasca y su sotana abotonada hasta el cuello, que me hizo general del ejército de los cartagineses, y a Reina de los romanos. El pobre murió ese verano de repente, me enteré en segundo, al volver de las vacaciones. Fue en un viaje a Roma, este verano me lo contó un hermano Pedro envejecido que me encontré en Fuenteheridos cuidando de su jardín botánico. Si él me hubiera recordado, habría notado que el envejecido era yo. Catecismo azul, Dios te salve, María, un cielo de colores y un infierno negro y rojo, que daba miedo, pero no tanto como algunos dicen ahora. En el recreo, partido de fútbol con pelotas de plástico a cinco pesetas en el bar de Pepe, que duraban una semana, y que los niños de hoy ni se agacharían para cogerlas si las encontraran en la calle. Fútbol con zapatos Gorila o con mocasines, las bambas se reservaban para la clase de gimnasia, y después otra vez a la bolsa, igual que las dos camisetas, una blanca y otra roja, con el escudo del colegio, que se compraban en Vilima. El recreo duraba una eternidad, nos daba tiempo hasta de cambiar de campo. Jugábamos en la pista de hockey, y las porterías parecían hechas a medida para la pelota. El suelo era liso, y cuando llovía sólo se podía avanzar hacia delante. Una vez me dijo Bermúdez que jugaba como López Ufarte, y ese día metí más goles que nunca. Tocaba la sirena y marchábamos contentos a clase, porque estábamos limpios, y no había miedo en nuestra vida.

Ahora no tenemos una pista de hockey donde jugar, ni una capilla de mayo llena de flores blancas, Madre de todos los hombres, enséñanos a decir Amén, pero yo no lo aprendí, dímelo ahora, aunque ya no haya nada que enseñar, devuélveme aquellos días aunque sólo sea un minuto, y así podré conocer a ese niño serio, limpio, que sabía a dónde ir cada momento y cómo comportarse en cada sitio, y no se hacía preguntas, porque sabía que a las dos se montaría en el autobús del colegio y su madre le estaría esperando en casa, y que entraría otra vez a las cuatro, y después saldría a las seis, y volvería a casa a las siete, y haría los deberes, y su madre le preguntaría con una voz tranquila que cómo le había ido, y le traería las mejores notas de la clase, aunque después no sirvieran para nada, pero en ese momento traían la felicidad a una casa que nunca fue demasiado feliz, pero tampoco demasiado triste.

Colegio Maristas San Fernando de Sevilla, en la calle Paraíso, testigo de mi niñez, hay días en que siento que es lo único que tengo, y que allí dejé la vida como una rosa deja sus pétalos.

9 comentarios:

Paco Principiante dijo...

José Miguel, más cruel que nunca en este escrito. Me dejas sin defensas. A ver que hago yo lo que queda de día con ese "frío" que me has metido en el cuerpo. "Frío" porque me deja temblando, ya que realmente me abrasa.

Y me reía yo de mi madre cuando a veces me decía al ponerme la comida entre las clases de la mañana y de la tarde: "Estos serán los años dorados de tu vida"...

eres_mi_cruz dijo...

¡y note olvides de Peña Ubiña!...
qué gran verdad, ridao... esos días existen con to lo grandes que somos...
lo último que me compré en e-bay fueron unas pelotas Gorila... luego llegaron las Kickers, punto rojo el iderecho, punto verde el izquierdo... todo pasa menos la unión y la intersección de conjuntos...

y hablando de peñas... voy a juntar todos los permisos de ocupación que llevo comprados... para que me los canjeen por la Peña completa...

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Me encanta recordar este tipo de vivencias de niñez. A ti te la ha despertado el frío, pero a mi me ocurre con cualquier motivo: frío, calor, un olor, sabor, etc.
Saludos

Alejandro dijo...

¿Concentraciones parcelarias? Ahí es donde se ve quienes eran los aventajados de la clase, López Ufarte... y a veces, el frío solo sale del cuerpo como se hacía en las antiguas escuelas, o por los métodos castrenses que no hemos conocido. Un par de leches bien dadas, José Miguel. Un par de leches. No necesariamente a uno mismo, que yo me ofrezco de esparring y cuando acabemos de desestresarnos nos tomamos una cervecits y tan amigos.

Teresa, la de la ventana dijo...

El frío es también el principal recuerdo de aquellos años para mí. Esos malditos calcetines azul marino, siempre helada, las manos incapaces de coger bien el bolígrafo... No recuerdo esos años con cariño, sin ser desdichada tampoco fui feliz.

Dyhego dijo...

Melancólico está usted hoy, monsieur Ridao.
Encienda usted la chimenea y ase unas castañas, verá como se pasan esas neuras otoñales.
Saludos.

José Miguel Ridao dijo...

Ojú,Paco, qué desastre, espero que ya estés más calentito. Yo aún tengo una mijita de frío.

Por la cara, eresmicruz, las pelotas Gorila, anda que no nos hacían ilusión. Ahora las hay a paletadas, y no las valoran. ¡Ha subido a un euro el permiso de ocupación! Estos alajeños son la leche. No sé si te has fijado, pero en tu papelito viene que se cobra por una resolución de un pleno del 16 de diciembre o algo así, ¡¡y todavía no ha sido!! Unos artistas, lo que yo te diga. La próxima vez me llamas y entras conmigo, que a mí no me cobran, ni a mis acompañantes. O le dices a Epi, el del mono verde, que eres amigo de esa pareja de la avenida que ella es médica y él no sé en qué coño trabajará, y que tienen muchos niños.

Tú es que eres un maestro en estas entradas, Rafael, da gusto leerte.

Álex: parece mentira, ¿no te explicaron a ti lo de la concentración parcelaria? Búscalo en el samsung, hombre.

Y allí en Madrid sería peor el frío, Teresa. Es curioso: no nos solemos acordar de los días de primavera o de otoño, sólo los de la rasca.

Dyhego: me he dejado las castañas en Alájar, aquí parece que no pegan. Pero vamos, que hace menos frío.

Abrazos hoynosédequéderos.

Mery dijo...

Pues tengo ganas de llorar.
Los recuerdos traen esta melancolía, que es una felicidad triste y contagiosa.
Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Vaya, no era mi intención. La entrada me salió de dentro, será por eso.