jueves, 17 de junio de 2010

¿Dromedario? (2 de 2)

Lo había dejado en que pronuncié la palabra "dromedario". De repente me sonó extraña: dro-me-da-rio, me-da-rio, dro-me, dro-me-da-rio, dromedario. ¿Nunca os ha pasado que una palabra, incluso si es de uso cotidiano, os suena de repente muy rara? Es un fenómeno curioso; nos acostumbramos tanto a la palabra que la identificamos con el objeto a que se refiere, pero en el momento en que separamos la palabra del objeto, cuando la despojamos de su revestimiento de imágenes, se nos aparece como algo extraño, ajeno a nosotros. ¿Qué importancia tienen las sílabas dro-me-da-rio por sí mismas? Si las pronunciamos de corrido vemos la imagen del animal con una joroba, pero si desaparece el animal se convierten en algo absurdo, una serie de signos extraños pero a la vez imprescindibles para comunicarnos. Me pregunto si esto es algo que sólo me sucede a mí o si le pasa a todo el mundo.

P.S. Si con el dromedario os resulta difícil hacer el experimento, probad con el ornitorrinco (imagen superior).

24 comentarios:

Marisa dijo...

Querido Ridao: Creo sinceramente que necesita Usted unas vacaciones...
Besitos ornitorringeados.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Ridao, deja los porros y todo lo relativo a los camellos o te vas a volver loco.
Ponle atención a Marisa.
Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Mira que sois ornitorrincos, Marisa y Rafael. Veréis cómo ahora empieza a comentar gente que le pasa lo mismo que a mí.

Iiiihaaaajjj (sonido del ornitorrinco).

eres_mi_cruz dijo...

me pasa lo mismo que a ti...
la derrota de la selección produce efectos casi místicos...
a mí me pasa con la palabra e-co-no-ma-to...
representa un sitio ordinarísimo donde se llenan carros en chanclas para matar la gula y el aburrimiento... qué bonito sería decir:
¡cierra el pico, economato!

José Miguel Ridao dijo...

Estás peor que yo, eresmicruz. El fútbol reblandece el cerebelo (del que lo tenga, yo creo que lo perdí hace tiempo).

Un abrazo ecovolístico.

Er Tato dijo...

Pues a mí, y sin que sirva de precedente, me pasa algunas veces lo mismo que a ti. Sobre todo cuando, por alguna razón, me concentro más en la palabra que en su significado, y es una sensación rara. Siempre quise saber si le pasaba a alguien más... ¡Qué alegría me has dado, Ridao, no soy el único gilipollas! ;-P

Saludos

José Miguel Ridao dijo...

Se trata de un signo de inteligencia, Tato, insólito en un liberal.

Un abrazo retrokeynesiano (sin premio).

Nefertari dijo...

¡Ay, que gusto! Llevo un tiempo leyendo el blog y sin animarme a comentar, pero hoy no puedo reprimirme... A mi pasa de vez en cuanto con la palabra es-co-ba, y puedo estar un buen rato dándole vueltas: es-co-ba, es-coba, esco-ba... con todas las combinaciones posibles y con la sensación de que todas las palabras debieran de algún modo reflejar lo que expresan. Saca-puntas, para-aguas....

Fernando Moral dijo...

A mí también me pasa y pienso que debe ser alguna característica psicológica común a mucha gente. Debería ser estudiada. Por cierto, me pasa a su vez que -muy de vez en cuando- se me descompone picassianamente la cara del que me está hablando. Un ojo por aquí, la boca por allá... De atar, vamos.

Un barazo patológico.

Jesús Cotta Lobato dijo...

A mí me ha pasado siempre. De repente una palabra común te suena tan rara, que llegas a preguntarte si se dice así o no.

Er Tato dijo...

En cuanto has dicho que es un signo de inteligencia, fíjate la de gente que se ha apuntado, so mamón. ;-P

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
Al ver la foto, he pensado que eras tú después de una francachela, tirao por las baldosas...
También me ha pasado: piensas en una palabra, la despojas del objeto que nombra, te concentras en su sonido y... o te gusta o no te gusta, pero se hace raro.

Saludos marsupiales.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

El ornitorrinco era un animal utilizado en los cuadernos de ortografía. Yo quiero reivindicar al okapi, un animal del que nadie se acuerda, y tiene la peculiaridad de que no puede vivir en cautividad.
Un abrazo.

maile dijo...

Ni caso, señor Ridao.
Ya lo dice la cancion de Sabina y Krahe "el hombre puso nombre a los animales"... al ornitorrinco le llamo ornitorrinco, porque no encontro un nombre mas raro.
Lo del dromedario es moco de pavo.

Liliana G. dijo...

Me encantó tu pulida descripción de cómo te suenan las palabras, a quien no le ha pasado difícilmente pueda entenderte... pero yo me siento exultante. ¡Por fin alguien pierde el tiempo diseccionando palabras, igual que yo! ¡Qué placer! ¡No estoy sola!

¿No te pasa que estos concienzudos pensamientos los hacés en completa soledad' ¿A quién le pueden interesar? A nadie hasta ahora, menos mal que exiten los blogs en donde podemos desahogarnos con gusto :)

Ridao, sos estupendo, me sacaste un peso de encima, jajajaja

Besos.

José Miguel Ridao dijo...

Bienvenida, Nefertari (bonito nombre). Da igual con la escoba o con el dromedario, el caso es que entras en el club de los que nos pasa.

Sólo nos pasa a los listos, Fernando. Y lo de la descomposición picassiana es para nota, macho. ¡Tú eres un superdotado!

Ya sabía que eras de los míos, Jesús.

¿Has visto, Tato? Los dos primeros se han quedado con el culo al aire, jeje.

Abrazos quelistosomeros.

José Miguel Ridao dijo...

Era mi primo Armando, Dyhego; se parece mucho a mí. Veo que también eres de los listos.

Es verdad, tocayo, el okapi. Lo recuerdo muy bien de los libros infantiles. Pero no te has mojado. ¿Eres listo o no?

Tampoco te mojas, Maile. Voy a tener que empezar a sospechar...

Nunca me defraudas, Liliana. Da gusto compartir sensaciones y listezas.

Abrazos listillos.

maile dijo...

Señor Ridao... subio usted la foto de un... bicho... Usted dice que es camello, su hijo dromedario, y yo tengo que irme a la wikipedia para aclararme. Resulta que es camello pero usted consiente para su hijo en que es dromedario. Sus razones tendra... O nos esta tomando el pelo. Al final se que la proxima vez que vea un bicho semejante me acordare de usted, de su hijo y de esta entrada, que me hizo reir y me hacia falta, aunque llegado el momento no tenga claro si es camello o dromedario.
Ahora bien, con lo del ornitorrinco... me quedo con Sabina.

Saludos secos, que no se donde tendria que mojarme... es que una es cortita.

Ramón Simón dijo...

A mi me pasa con la palabra jamón.
ja-món mon-ja.

Un abrazo-chop.

Ramón Simón dijo...

Quillo, me acabo de dar cuenta que tiene bastante ironía mi comentario anterior.


Jajajajajaja.

otro abrazo

Ramón Simón dijo...

Ah !,por cierto llevo ganado un 9% en veinte días, limpio de polvo y paja.

Yupiiiiiiiiii.

José Miguel Ridao dijo...

¿Un camello, Maile? Po mucho que diga la wiki, los camellos tienen dos jorobas, y los dromedarios una. No hay más que fijarse en los Reyes Magos. ¡Qué lío!

Mucha ironía, Ramón. Enhorabuena. Cuidadín con Mr. Ibex.

Abrazos wikeros.

estela dijo...

Justamente estaba buscando información sobre este fenómeno en que, de repente, una palabra habitual y normal te suena extremadamente rara, hasta que llegas a pensar que es imposible que se diga así, que realmente sea así o que hasta ese momento te hubiera parecido tan normal. Y he encontrado este post y estos comentarios. A mí me pasa a menudo. ¿Habéis indagado más sobre el fenómeno? ¿Alguien sabe cómo se llama y su explicación neuropsicológica o neurolingüística?

José Miguel Ridao dijo...

Pues no he seguido indagando. Lo que queda comprobado con esta entrada es que le pasa a mucha gente. ¿Habrá algún estudio serio? Yo creo que la clave es la disociación entre el objeto que representa una palabra y las grafías de esta palabra.

Saludos.