martes, 24 de mayo de 2011

Señoras depredadoras


Hace un rato he estado comprando, y me he topado con un ejemplar de lo que yo llamo "señoras depredadoras". Se trata de una especie común, que prolifera por estas latitudes sureñas. Su hábitat preferido son las fruterías, carnicerías, pescaderías y otras tiendas de alimentación, pero tampoco desdeña los comercios de ropa, zapatos u otros accesorios. El ejemplar que he avistado esta mañana presentaba las características morfológicas propias de su especie: una alzada ligeramente superior al metro y medio, pelo escaso pero esponjado de una manera sorprendente, teñido de un color pajizo, contundentes extremidades inferiores apoyadas en un trasero descomunal, que al desplazarse hace el efecto de una mesa de camilla ambulante, tren superior bastante más fino, con la piel colgona, y un volumen pectoral considerable, del que se podrían extraer varios kilogramos de pechuga de primera calidad. La especie es muy longeva; de hecho, su edad media ronda los 60 años, y se han llegado a localizar ejemplares que llegan al siglo de vida en plenitud, repartiendo culazos y empellones a diestro y siniestro. Este ejemplar en concreto iba ataviado con una prenda indescriptible, como de seda pero sin ser seda, teñida en color carmesí, que le cubría desde el cuello hasta por debajo de las rodillas. Algunos naturalistas han sugerido que los vivos colores que suelen utilizar estas señoras para su atavío tienen el objeto de hipnotizar a los incautos que se cruzan en su camino, y así poder culearlos a placer, pues la especie tiene gran afición a este culeo, al que dedica sus horas de ocio. Mientras yo esperaba en la cola de la caja, inadvertido del peligro que corría, la señora se me acercó por detrás y agarró inopinadamente una camisa que yo sostenía, diciéndome con voz chillona y desagradable: "Oiga usté, ¿esta camisa dónde la ha cogío?". Me tomó por sorpresa, y no pude más que indicarle el lugar. Entonces me miró brevemente y, con olímpico desdén, se dio la vuelta y se me coló en la fila. Uno, que ya tiene experiencia en este tipo de situaciones, pues estas señoras se han convertido en una plaga, no dijo nada, a sabiendas de que es mucho mejor dejarlas hacer, si no se quiere entrar en un escándalo de dudoso resultado. Sin embargo, un señor que estaba en la cola detrás alzó la voz tímidamente y dijo "Oiga, señora, creo que usted va detrás de mí". Aún no había terminado la frase cuando la señora engarzó una serie de insultos a una velocidad asombrosa (la especie es famosa por su rápido parloteo), y mi compañero de cola quedó tan abrumado que no se atrevió a decir nada más, dando oficialidad al sitio que había logrado la señora haciendo uso de su abundante humanidad. A esto que vuelve a toquetear mi camisa sin decirme nada, queda conforme con el precio y se le antoja que a su marío le puede venir bien. Ni corta ni perezosa, encomendándose a Dios y al diablo, abandonó las filas de los paganinis y se abrió paso zigzagueando con su tren inferior para hacerse un hueco de aproximadamente tres metros de diámetro. Retrocedimos todos espantados, pero aún así nos llevamos nuestros buenos culazos. Al cabo de poco tiempo me tocó a mí pagar, y ya tenía mi compra encima del mostrador y la tarjeta de crédito fuera de la cartera, cuando oí un estruendo a mis espaldas que anunciaba la vuelta de la bestia parda, que, tras derribar a cuantos se interponían en su camino, depositó en un último esfuerzo su compra encima de la mía al grito de "Señorita, ahora voy yo, este señor s'a colao". Una humillación más en mi expediente no suponía menoscabo de mi ya de por sí dañada autoestima, así que la dejé hacer, pagué cuando ella terminó y salí de allí con el rabo entre las piernas, prometiéndome no volver a comprar en una tienda donde se hayan avistado recientemente ejemplares de esta peligrosa especie.

8 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
Te acabo de contestar pero me sale error del blogger.
Me cago en la puta madre que parió al blogger de los cojones, con lo chula que me había quedado la entrada.
Ahora no tengo ganas de reescribirla.
Salu2.

Fernando Moral dijo...

Siento decir esto: eres una maricona acobardada por unas simples caderas opulentas.

Un varazo.

Elías dijo...

Especie longeva, sí señor, porque ha sabido adaptarse a todo tipo de hábitats.
Antes se colaban con excusas peregrinas, "es que tengo el puchero en el fuego, es solo una cosina, tengo hora en la pelu...", pero ahora atacan sin recato alguno, seguras de su fuerza.
Son particularmente peligrosas durante las rebajas, y las semanas de "lleve tres y pague dos".

Pero en algún momento, digo yo, habrá que hacerles frente.

Empieza tú, que a mí me da la risa.
Y además, ahora mismo no puedo, que tengo hora en la pelu.

¡Sus, y a ellas!

Abrazo.

Alejandro Muñoz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro dijo...

Podías haberle sacado algo más de partido a la situación, porque seguro que este especimen sabía dónde encontar esas camisetas calaítas sin mangas a las que perdiste la pista hace unos años, cuando cerraron los almacenes Puente y Pellón.

Y ya nos confirmará el especialista Fernando si ejemplares similares se avistaban en las novelas de Conrad

José Miguel Ridao dijo...

Eres un flojo, Dyhego. Estás perdiendo puntos para el jamón...

Opulentas no es la palabra, Fernando, a mí eso me sugiere huríes, o al menos jamonas, y ésta era una mesa camilla.

Pues a ver si me armo de valor, Elías, pero no pienso atacarlas cuando marchan en manada, buscaré a un ejemplar suelto especialmente débil, y que no lleve bastón, mayormente.

Recibe un fuerte abrazo, Alejandro, jeje.

Abrazos calaiteros.

Babunita dijo...

Esta especie, que aunque se da en toda la península, alcanza su máxima expresión en esas tierras sureñas, como el lince... También está muy bien definida en:

http://findesemana.libertaddigital.com/cartas-andaluzas-1276234376.html

de:

http://unlibrodecuentas.blogspot.com/

Saludos!!

José Miguel Ridao dijo...

Sí, pero a diferencia del lince, no está en absoluto en peligro de extinción. Todo lo contrario, la especie medra asombrosamente rápido, y amenaza con invadir todas las esferas sociales.

Bienvenida.