lunes, 3 de enero de 2011

Apuntes (XLVII): La impaciencia del escritor


Retomo la escritura en este diario (otra cosa es la transcripción), después de bastante tiempo, mucho más del que me hubiera gustado. Es un diario híbrido, mitad privado mitad expuesto al público, aunque esta última parte contenga muchas intimidades. Pero no hay que engañarse, un diario publicado por entregas en Internet se hace de cara a la galería, y eso condiciona mucho las anotaciones. Hay mucho, muchísimo, de fingimiento. Se escribe muchas veces desde el cómodo trono del lector, y no desde la atalaya escarpada del autor. El yo se proyecta al espacio cibernético, que lo hermosea con nubes e impulsos de colores, anudándole un elegante lacito para que tenga alguna posibilidad de ser leído en el escaparate infinito de la red.


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No hay que olvidar que Pessoa era un poeta, y no un filósofo.

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Cada vez me pesan más las obligaciones, como una carga que aplasta mis posibilidades de ser feliz, ya de por sí bastante mermadas; aunque, bien pensado, cada uno se busca su propia felicidad, y el victimismo es el camino más rápido hacia la desolación, o como mínimo hacia la cómoda pero estéril melancolía de la víctima de su propia estupidez.

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A veces, cuando escribo, me paro un tiempo buscando la palabra justa, y la mayoría de las veces me puede la impaciencia y salgo del paso con una palabra oportuna, aunque no brillante. Pero cuando llega una de las raras veces en que escribo pausado y doy a cada frase el tiempo que necesita, el resultado es infinitamente superior; me parece que no soy yo quien lo ha escrito. Este defecto, ya de por sí malo en prosa, resulta nefasto en la poesía.

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Aún estoy imbuido del tono de La casa encendida, al cabo de tres días de su lectura. Tan intensa es la poesía de Rosales. Seguiré sumergiéndome en ella, y trataré de evitar el peligro de que me trague.

8 comentarios:

eutelia dijo...

Se me antoja que es la impaciencia del ser honesto. Por arañar y exprimir una verdad primera, y privada. Si logra seducir/nos habrà cumplido parte de su cometido.

Mery dijo...

En el blog salen a relucir una vez mas ese ser dual que nos habita: lo que somos, lo que deseamos ser...
Lo que te pasa no es impaciencia de escritor, sino el anhelo por conseguir la excelencia. Y a la vez, modestia, mucha modestia.
Todo muy humano.
Yo me entiendo.

Buenas tardes tenga usted (cada vez tengo mas ganas de releer a Rosales)

prof. de filosofia dijo...

Querido Ridao, me alegra tu descubrimiento de Luis Rosales. Yo he estado literalmente sumergido en su obra durante 7 años. Escribí una tesis doctoral y he publicado un libro sobre su poesía.
¡Que pena que por calumnias y prejuicios ideológicos no tenga el reconocimiento que se merece!
Un solo dato: Este año es el centenario de su nacimiento. Alguien se ha enterado?
Ha habido conmemoración pública o en los medios de comunicación?
Está claro que no es el caso de Miguel Hernández.
Por cierto, durante la República Miguel y Luis fueron buenos amigos. En fin. Un saludo Ridao.
A ver si un día de estos nos conocemos personalmente. Soy preparador de ECOEM y tenemos amigos comunes.

Cita dijo...

Para un escritor la prisa es un enemigo con las patitas muy cortas. A veces no es prisa, sino ansia, tantas ganas hay de decir lo que se quiere decir que se dice de cualquier manera y termina no siendo lo que se quiere decir por una simple palabra. Cosas del escritor, crees que a Follet no le pasa?

Besos

Cita

Marisa Peña dijo...

Feliz año querido ridao.Yo leí la casa encendida el último año de carrera y aún recuerdo aquella intensidad. Yo ante mi endémica impaciencia ya he decidido adoptarla como "rasgo de estilo", je, je...Un beso

Rocio.. dijo...

Pos yo creo que escribes,mu bien,ya que no veas la de gente que te leemos,ademas,cuando se escribe con el corazon,es cuando sale lo que tiene que salir,es decir la brillantez,¨pero que brillante ere,Ridao.
Hoy,no me salen los acentos,na tendre que pedirselo a los reyes.
Un beso,sin impaciencia

José Miguel Ridao dijo...

No lo había visto así, Eutelia. Es verdad: si se piensa demasiado se pierde esa verdad primera. Gracias.

No tanta modestia, Mery; lo digo sin falsedad. El afán de superación sí que lo tengo, pero mi personalidad hace que me falte constancia. Eso es algo que he coreregido gracias a la zanahoria del blog. Léete a Rosales rápido. Yo estoy ya atrapado.

Me alegra saludarte, profesor, y espero que coincidamos algún día. Por lo que dices aprenderé mucho de Rosales. Creo que este poeta, como Pessoa, no me va ya a abandonar. Y la injusticia de su reconocimiento... sí, pero ¡qué importa! Esperemos unos años, o unos siglos, qué mas da. Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio, pero no siempre es así. Yo creo que al fin y al cabo es algo intrascendente. Lo que de verdad importa es lo que sus (pocos o muchos) lectores extraigan de su obra.

Abrazos.

José Miguel Ridao dijo...

Pues sí, Cita, seguro que le pasa, pero él lo tiene fácil: le basta con reproducir las mismas historias cambiando el escenario.

Feliz año, Marisa. Está bien eso de "rasgo de estilo". Espero que a mí no me etiqueten con el estilo escatológico.

Qué me gusta que me echen flores, Rocío. Di que sí, si vuelves a Alájar el año que viene con otra peli de Bollywood te invito a bañarte en mi amberca.

Abrazos amberqueños.