miércoles, 16 de marzo de 2011

Como en Hiroshima


Se habla mucho del golpe que ha supuesto para la economía japonesa el terrible terremoto sufrido. Las pérdidas son evidentes: dejando a un lado los muertos y heridos, cuya valoración económica no es procedente, se han destruido puertos, aeropuertos, edificios, comercios... en definitiva, una gran cantidad de bienes cuya producción ha supuesto un esfuerzo enorme en términos de trabajo y capital, y que hacían más fácil la vida a los habitantes del país. Se trata de la consabida definición de la ciencia económica: estudio de las necesidades humanas y la forma de satisfacerlas. Pues bien, buena parte de ese trabajo ha sido barrido de un plumazo. Sin embargo, la mayoría de los estudios económicos adolecen de miopía, y no ven más allá de la catástrofe material. En Economía es también muy importante el estudio de los llamados "intangibles", que son beneficios no observables a primera vista pero que sin embargo pueden ser muy importantes. En el caso del terremoto japonés, como en casi todas las catástrofes de esta naturaleza, se origina una enorme oportunidad, debido a que desde ahora el país va a "partir de cero", y será necesario un esfuerzo enorme de reconstrucción que comprometerá muchos recursos (si ya había poco desempleo en Japón antes del terremoto, menos va a haber ahora). Gracias a ello se podrá acometer la construcción de nuevas infraestructuras mucho más modernas y eficientes; los errores que se habían cometido en el pasado no volverán a reproducirse; si se optara por reconstruir las centrales nucleares (ya sé que es ciencia ficción, y es una pena basar la decisión en un accidente como éste), se prepararían para soportar terremotos de mucha mayor intensidad; en definitiva, de los solares ocupados hoy por ruinas humeantes surgirán ciudades nuevas más modernas, más cómodas, más seguras, más ecológicas.

Lo que estoy diciendo no se trata de algo nuevo: en el mismo Japón se pudo comprobar tras la devastación sufrida al término de la Segunda Guerra Mundial. Las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueron literalmente borradas del mapa. Decenas de miles de ciudadanos de Hiroshima, empezando por su alcalde, murieron en su casa. El aparato administrativo de oficinas y todo tipo de organismos públicos fue aniquilado, junto a los sistemas de comunicación, incluyendo los trenes. Un mes después de la explosión, grupos de supervivientes comenzaron a volver a la ciudad levantando chozas improvisadas con sábanas, aún aturdidos, sin una oficina a la que acudir a trabajar; sin fe; sin esperanza. En ese momento la naturaleza se cebó con ellos en la forma de un terrible tifón que mató a 3000 personas más. La ciudad fue anegada y muchos tuvieron que volver al campo. Nunca en la historia un pueblo había sido castigado de manera tan cruel. Pues bien, después de tanto sufrimiento, en unos años Japón se convirtió en la segunda potencia económica del mundo (seguida de cerca por Alemania, otro país que tuvo que partir de cero), y la ciudad de Hiroshima es desde entonces un emblema de la lucha por la paz.

La ilusión con la que los japoneses afrontan la reconstrucción de su país tiene un valor difícil de medir en yenes, como también lo tiene la mejora que se logrará en las infraestructuras, pero ahí están. No creo que tengan problemas para cubrir sus necesidades básicas. Quizá tengan que renunciar por un tiempo a sus ultramodernas cámaras de fotos y dispositivos electrónicos, pero enterrarán a sus muertos, sobrellevarán el dolor (esto también tiene un coste, por desgracia), levantarán la cabeza y avanzarán hacia la construcción de una nación mejor. Yo me quito el sombrero ante este pueblo admirable.

Imagen superior: Dos niños japoneses frente al Cenotafio de la Paz en Hiroshima.

8 comentarios:

Er Tato dijo...

Por un momento, al comenzar a leer, pensé que ibas a deplegar el falaz optimismo con el que los keynesianos afrontan estas catástrofes. Pero no. Así que mejor me callo y me quito yo también el sombrero. Por dos veces.

Un abrazo

Rosna dijo...

Como bien dice Ridao san , es una nueva oportunidad para poner otra vez las cosas en movimiento . Por eso cada habitante de la Isla se compromete no con el país sino con uno mismo y con los acontecimientos viviendo momento a momento para actuar eficazmente .
Muchas gracias
Yuriko
Rosna

Mery dijo...

Estoy de acuerdo, qué lección magistral nos está dando este pueblo. Yo estoy boquiabierta desde el primer día.
Un abrazo

mujer prevenida vale por dos dijo...

Ultimamente en japon personas septuagenarias y octogenarias cometian delitos para poder regresar a las carceles, por lo visto se sentian solos y abandonados...
Resulta que estos ancianos son aquellos que se pusieron de pie, lo sacrificaron todo y levantaron el pais despues de la II Guerra Mundial.

Alejandro dijo...

No le des ideas a Zapatero que nos mete en una guerra para acabar con el paro.

Te doy la razón en todo, sobre todo en la admiración que despierta el pueblo japonés por la serenidad con la que reacciona siempre.

Algo que de sobras sabe nuestra amiga Yuriko.

José Miguel Ridao dijo...

Hombre de poca fe, tato. Soy un keynesiano de los listos jeje... Gracias, liberalote (sin premio).

Tus visitas son un honor, Yuriko. Es un compromiso con uno mismo, pero mirando por el interés general. Ésa es la diferencia con otros pueblos.

Ya somos dos, Mery.

Eso que cuentas es muy triste, MPVX2. La soledad de los mayores es uno de los grandes problemas que se nos avecinan, con el envejecimiento de la población.

Álex: ése no vale ni para guerrear. Sería la guerra de Gila.

Abrazos.

Rocío. dijo...

Mira Ridao,te voy a dar una información de primerisima mano,esta mañana,he ido a recoger al aeropuerto,a mi amiga Hideko,japonesa y vecina mia de Málaga que se encontraba en Japón,dice que el casos,es total,pero que ellos saldrán adelante,porque,estan educados,de manera,que siempre,dentro de un desorden,existe un orden.Bueno solo espero que Japón salga adelante,y que nuca más vuelvan a repetirse tragedias como esta,así que ale a viviiiiiiiiiir.
Un beso solidario.

José Miguel Ridao dijo...

Un abrazo para tu amiga, Rocío.