sábado, 12 de marzo de 2011

No puede ser... verdad tanto talento



Hoy dedico la entrada musical de los sábados a un cantante que, de tanto como se nombra y de tanto como lo oímos, se nos olvida a veces lo grande que es. Plácido Domingo es sin duda alguna uno de los grandes tenores del siglo XX, y seguramente el mejor formado, el más versátil, el de mayor talento. Trasciende la figura de cantante, tenor pero también barítono, y se adentra en la categoría de músico con mayúsculas. Director de orquesta, productor, compositor... un auténtico fenómeno de la naturaleza.


Pero centrémonos en su faceta de tenor, la que mayor fama le ha dado. De los famosos Tres tenores es para mi gusto el mejor con gran diferencia. Su timbre es cálido, inconfundible, asombrosamente brillante en sus años de juventud, y aunque su voz ha perdido lógicamente frescura con los años, ha conseguido mantenerse en activo más tiempo que cualquiera de sus compañeros de generación, con un repertorio asombrosamente amplio, que dice mucho de su capacidad intelectual para aprenderse los papeles en tiempo récord. Algunos le acusan de no llegar bien a los agudos y trasponer algunas veces las óperas medio tono o, incluso, un tono hacia abajo para cantar más cómodo. Yo no se lo reprocho: él comenzó como barítono, y lógicamente su registro no puede llegar al do de pecho, aunque sí ha emitido el si bemol agudo con solvencia hasta tiempos recientes. Antes de arruinar su voz, como otros cantantes (uno de sus compañeros de Los tres tenores, sin ir más lejos), ha preferido cometer una pequeña traición con las partituras originales.

Plácido Domingo siempre ha sentido una especial predilección por la zarzuela, nuestro género mal llamado chico, y que tantas glorias nacionales ha dado. Sus padres eran ambos cantantes de zarzuela, y él creció acompañándoles por sus giras en Méjico. Llevaba nuestro género lírico en la sangre, algo de lo que ha hecho gala con numerosas representaciones y grabaciones, sobre todo en la primera mitad de su carrera, y las romanzas que ofreció y aún ofrece en sus recitales por los principales teatros de todo el mundo, contribuyendo a la difusión internacional de un arte que bien lo merece.

Yo siento una especialidad debilidad por la archiconocida romanza de La tabernera del puerto "No puede ser", y la ofrezco aquí en una de las actuaciones de los tres tenores, con un Plácido de 49 años. Tengo grabaciones mejores, con su incomparable voz juvenil, pero en este concierto Domingo estuvo especialmente acertado y en comunión con el público. Hasta El director Zubin Mehta no pudo ocultar su emoción, como se puede apreciar al final del vídeo. Sirva esta entrada como modesto homenaje hacia un cantante al que admiro profundamente por su trabajo y, sobre todo, por su grandeza.

10 comentarios:

José María JURADO dijo...

Lo que más me asombra es el repertorio, de Parsifal al barroco, y con apenas días.

Increíble.

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué bueno. Precioso.

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
He hecho los deberes. La versió que más me gusta de "o sole mío" es la del sueco.
Salu2.

Alejandro dijo...

Menudo acierto. Y no solo me refiero a tu texto. Has escogido una de mis piezas musicales favoritas... y no sé si de mis vecinos pues es la que canto en la ducha los sábados por la mañana.

La interpreto casi igual, sin acompañamiento musical, y por suerte para Mehta le ahorro abrazarme a picha pelá.

Y para los domingos, como se insinúa en el comentario anterior, el Zueco se reserva "O sole mío"... pero sin ningún Pavarotti, que no cabría tras mi mampara, claro.

Mery dijo...

Tienes razón, tendemos a desdeñar lo excelente sólo porque suena a menudo.Por ejemplo, este ejemplo.

¡¡Qué voz!!

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Magnífico, tocayo, muchas gracias.
Un abrazo.

Rafael G. Organvídez dijo...

¡Cuánta razón tienes, Ridao! Domingo es un cantante excepcional. Cierto es que siempre tuvo problemas con el agudo (sus orígenes baritonales, que tú acertadamente has evocado, lo explica de forma justificada). Pero no nos olvidemos que precisamente en esa base baritonal ha descansado su tesitura casi de "Heldentenor" wagneriano, siendo uno de los pocos tenores latinos que ha triunfado en Bayreuth.

Un abrazo sabatino.

José Miguel Ridao dijo...

Y que lo digas, José María. Es absolutamente increíble.

Gracias, Teresa.

Pues no eres el único, Dyhego. En petit comité ya me han votado al sueco más de uno. ¡Qué voz!

No conocía esas aficiones tuyas, Álex. Un día en Alájar lo podemos cantar a dúo, cada uno en un cuarto de baño.

Una voz única, Mery.

Gracias a ti, tocayo, por venir. Nos vemos muy pronto...

¡Cuánto tiempo, Rafael! Ya no hay heldentenores desde que murió Melchior, pero Domingo dio bien la talla.

Abrazos.

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Grandioso, gracias por el consejo.
Saludos.

José Miguel Ridao dijo...

De nada, hombre.