domingo, 20 de marzo de 2011

Apuntes (LXXIX): Calvicie trascendente


Decididamente, nacemos con el chip que valora la importancia de las cosas totalmente desconfigurado de fábrica. Se le estropea a uno el coche y se nos viene el mundo abajo; se viene el mundo abajo de verdad y nos apresuramos a coger sitio frente al televisor con un paquete gigante de palomitas.


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Claro que todo eso tiene una explicación muy sencilla: la intensidad con que nos afecta un suceso es directamente proporcional a su cercanía a nosotros, e independiente a su importancia objetiva. Así está el chip, así nos luce el pelo, así va el mundo.

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Y hablando de pelos lucientes e importancias relativas, nunca he entendido esa obsesión de los humanos por el pelo; debe de ser una especie de fuerza ancestral que nos hace desear volver a nuestros orígenes simiescos. Yo, que no me caracterizo precisamente por lucir lanas, tan sólo le veo ventajas a mi escasez capilar. Ya de por sí tengo poco pelo, pero hago todo lo posible por llevarlo muy corto. Me ahorro varios minutos al día en peinarme; también tardo menos en la ducha lavándome la cabeza, además del consiguiente ahorro en champú; los piojos huyen despavoridos ante el panorama desolado de mi cráneo; las sábanas amanecen libres de esos molestos pelillos que no salen ni con un centrifugado ultrarrápido; no padezco depresiones por unas entradas de más o de menos, como tantos adonis y apolos de pacotilla; me evito el trance ridículo de dejarme un manojo de pelánganos a un lado y pasarlos airosamente hacia el otro a la manera anasagástica; y, lo mejor de todo, mi autoestima sube una barbaridad al ver a tanta gente agobiada por su pelo, cuando a mí me importa un pimiento; me hago la ilusión de que yo soy más listo que ellos.

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Y, después de todo, al final tos calvos...

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Escribo apuntes intrascendentes tratando de engañar mi sentido trascendente de la vida, del que no puedo escapar aunque emplee toda la ironía del mundo y vuelva las cosas del revés. El mejor antídoto contra el existencialismo no es el humor, sino la risa espontánea, pero esa medicina no se receta, ni se compra en ningún sitio.

19 comentarios:

Rocío. dijo...

Aquí,te puedo decir poco,a mi es muy dificil que algo,o alguien me altere,vamos,no lo ha conseguio ni hacienda,y mira que tiran a matar,lo de la calvicie,ahí se te ve el plumero,to los calvos,dicen estar contentos,con su cabeza melón,con lo que bien que queda,una buena mata pelo,y no me digas que no,que ya te veo,en la afoto,con el gorrito,así pa parecé más joven.
Lo del humor y la risa,creo que van unidos,yo el día que me falte una de las dos cosas,que me entierren,es lo único asegurao que tengo.
Un beso,jajajero.

Liliana G. dijo...

Como no se receta ni se compra, la carcajada espontánea te la regalo yo. (Muero por poner onomatopeyas)
Tus apuntes sobre la trascendencia capilar me descojonaron, pero debo admitir que tu razonamiento es mil por mil de lo más lúcido. Con todos los problemas que uno debe lidiar no merece la pena adjudicarse uno bien intrascendente.
Todos estamos atrapados en la trascendencia de nuestra existencia y cada uno administra sus propias estrategias para no salir trasquilado, las tuyas son peso.

Besotes, José Miguel.

Luis Valdesueiro dijo...

Ante todo, José Miguel, se impone huir de esos calvos vergonzante que arremolinan en todas las direcciones la melena nucal. Por otra parte, va broma, quizás haya que escuchar las recomendaciones morales de Evo: creo que una era no comer pollo. ¿Recuerdas que hubo un tiempo en que se decía que comiendo pollo los hombres desarrollaban sus raquíticas glándulas mamarias? Ojo, pues, con el pollo y con... su femenino.
Saludos.

J.M.F.R dijo...

Un guiño casi imperceptible, esquivo, de soslayo, a cada espejo, tan leve que ni se entere el del otro lado; una sonrisa insonora perenne rebotando de cornisa a cornisa del cráneo, en cada recoveco y cada resuello de cada día, en las pequeñas cosas y en las grandes. Pequeños exorcismos cotidianos.

Un cordial saludo

soylapaqui.com dijo...

Ridao cariño,felicidades,me alegra mucho el que no te preocupe tu calvicie,ya sabes,pa mi,siempre serás único,exactamente,igual que todos los demás.

Mery dijo...

Lo del pelo puede ser para algunos una especie de complejo de Sansón y Dalila.

Y si, los avatares de la vida nos afectan según nos pille de cerca. Hay un refrán muy clarito por ahí que dice: "¿De dónde sale el lamento? De donde sale el muerto."

Un abrazo de noche dominguera

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Los piojos también practicarían conmigo deporte de alto riesgo. Es más cómodo ser calvo, el problema es el fresquito... colección de gorras.
Un abrazo.

Sara dijo...

Jajaja, tienes razón, hay muchos hombres que llevan la calvicie como para echarse a llorar, pero también hay otros que la pasean con gran elegancia, más aún si usan gorros o sombreros (algunos chulísimos)! PD: Gracias por esta risa espontánea, tan necesitada en una noche de domingo!

Muñoz Escasso dijo...

Me quedo con el último párrrafo. Me pareció especialmente lúcido.
Por cierto en el asunto de la calvicie me reconozco uno de esos pobres idiotas aterrorizados ante la posibilidad de ver mi cabeza como un bola de billar.
Me agobia mucho el tema.Mucho no.Muchísimo.
Tengo un cráneo jodido, que tiene más trayectorias que la cornada de Paquirri.No me imagino pelao.Y ya he pedido,(por escrito) a mis cercanos que me peguen un tiro como a los caballos heridos, si adopto alguna lesiva para la dignidad del ser humano como la teja de Anasagasti o similares.
En fin me alegra saber que mi terror alopécico, al menos contribuye a incrementar tu autoestima personal.

Fernando Moral dijo...

Otro argumento para el orgullo alopécico es el de servirnos de referencia geográfica a los que tenemos pelo (una profusa mata en mi caso, añado). Un poné: Mira la peaso gachí que está sentá detrás der carvo.

Abrazos capilares.

José Miguel Ridao dijo...

Pues me has cogido, Rocío, yo preferiría tener luengos cabellos. Y debajo de la foto hay pelo, es un poco antigua (encima presumido...).

Tú carcajadas derrochas, Liliana. Podías venderlas y te harías rica, pero mejor te las quedas todas para ti y los que te rodean. A mí me llegan por el teclado.

Lo de Evo es genial, Luis. Ese hombre, cuando le derroquen, debería dedicarse a humorista (obsérvese la ironía en el derrocamiento).

Bienvenido, JMFR, poético y profundo comentario.

Gracias, Paqui, me conmueves. Sé que me tienes pòr alguien especial, jeje.

Besos y abrazos.

José Miguel Ridao dijo...

No conocía el refrán, Mery. Es muy certero. Yo voy sin tiempo, como las locas, y te contesto con retraso.

Tocayo: el viernes confrontamos cráneos, a ver quien gana.

Abrazos, luego sigo.

Bea. dijo...

Tanto hablar de calvicie hace que me den ganas de ir a la pelu , a arreglarme mi extensa y maravillosa melena , me voy.

José Miguel Ridao dijo...

Lo de los gorros es verdad, Sara. Los sombreros vuelven a ponerse de moda. ¿Resurgirán las sombrererías del centro de Sevilla?

¡Qué haría yo sin Escassos en le vida! Seguro que has probado esos unguentos milagrosos que cuestan un "unguento" y la mitad del otro en las parafarmacias. No desesperes, que siempre quedan los implantes capilares. Si quieres yo te cedo mis pelos para que te los injerten, aunque... ¿de dónde los saco? ¡Ah, ya!

No sirve eso ahora, Fernando. Habemos demasiados calvos. En todo caso ahora se dice: ¡Mira, detrás del tipo ese lanudo!

Bea: ¿es auténtica, tu melena?

Abrazos malaléchicos.

Muñoz Escasso dijo...

Ojo Ridao, ojo- que el asunto no es cosa menor que diría Rajoy.
Los implantes no valen como animal de compañía.es otra solución indigna.Y si decidiera implantarme pelo,es posible que acudiera a la frondosidad de alguna zona de mi anatomía.Aún así gracias por el ofrecimiento
Yo tomo unas pastillitas que de momento me han estbilizado el asunto.Y estoy vigilado por un dermatólogo que me mete unas ostias como panes, pero nunca pagué un sobreprecio con tanto gusto.es decir, que voy a luchar con todos mis recursos,(que no son muchos)para no quedarme calvorota antes de cortarme la coleta, sin recurrir a implantes ni peinados que rozan la inconstitucionalidad.
Por cierto que asco me producen los sujetos a los que aludes en tu siguiente post. Estoy seguro que ven mal este tipo de debates estériles. Primum vivere...Serán cretinos.

José Miguel Ridao dijo...

Joder, Escasso, te veo enfrascado en una batalla feroz. Olvídate de esos implantes, que va a parecer que llevas un casco con penacho de pelánganos negros. A los cretinos, que les den con el pepino.

Rocío. dijo...

Pero bueno,Ridao,mira que preguntarle a la Bea,si su melena es autentica,pos claro que si.Pero no puedoooor,resistirme a la rima,por arriba autentica,por abajo: estropajo.
Un beso estropajil

Bea. dijo...

Rocío ya quisieras para ti la suavidad de mi pelo , yo no quería contarlo pero me obligas , tu si que llevas estropajo en los sobacos , el que los tengas rubios no te quita de que te los depiles alguna vez , los sobacos peludos es de la época de los 80 guapa.

José Miguel Ridao dijo...

Yo que vosotras me depilaba integralmente y eternamente, y se acababan las peleas.